La 25 llenó el Luna Park en el cierre de su extensa gira nacional, con un show más que satisfactorio para propios y poco novedoso para extraños.
De La 25 mucho se habla, mucho se escribe y mucho es verdad.
La historia de la banda está reflejada, últimamente, en cada revista del palo que se precie. La idea es mostrar que la banda solo hace rock n' roll cuadrado y es un fenómeno barrial. Pero después de éste cierre de gira nacional da para hacer un balance que va más allá de lo estrictamente musical.
Sin ánimo de filosofar sobre si el rock es ésto o aquello, ponemos énfasis en el carácter social que hoy motiva y manifiesta La 25 y se hace carne en los miles de fans que llenan cada lugar en el que tocan sin importar el punto cardinal que pisan en su extensa gira.
Un grande de la historia misma del rock argento, Pappo, diría "...chicos malos con sus camperas de cuero..." en uno de los versos más conocidos de la literatura rockera, que hoy se podría transformar en "... chicos, chicos con sus remeras rollingas...", porque es el target del público que mueve y enardece ésta banda. Un promedio de 17 a 19 años, con mucha calle encima y recelo a lo no conocido. Quizás por eso este tipo de recitales son el lugar ideal para juntarse y disfrutar sin tapujos.
Sería un largo análisis que aburriría al lector explicar por qué entre los valores primarios de los seguidores encontraremos a "la vieja", Mick Jagger y al barrio como cotizados estandartes de un estilo de vida que cada vez se aprecia más en la periferia de la gran urbe. Ahora bien, cada estrofa cantada por Junior, líder y voz del grupo, evidencia una realidad cotidiana de cada una de las almas que pueblan esta tribu. Y el sentirse reflejado lo hace propio y así lo sienten y viven.
La "fiesta" del público comenzaría a las 20:30, cantando y enviando mensajes buenos y malos de acuerdo a sus creencias. Así, Korneta no murió, Callejeros es aguante, La Pulposa lo mira por TV y La 25 manda, mientras la policía acepta su mote de yuta, se divierten en un clima de clásico del Nacional B.
Transcurrió hora y media hasta que las luces se apagaron y por fin las cinco pantallas redondas de video empezaron a desplegar actividad al ritmo de "Ya todo pasó", canción del primer álbum de la banda de temática autobiográfica por excelencia, seguida de "Quiero 25" otro aporte más del pensamiento de la banda, que sería rematado con las palabras del Junior hablando de "...ésta cultura urbana que no se puede parar...", en referencia a toda la movida generada por su música, haciendo hincapié en que "el rock no se debe privatizar, porque los sueños no se venden...".
Después de una tanda de siete tracks, los primeros invitados: Goy y compañía de Karamelo Santo pisarían las tablas para dar por comenzado oficialmente el show con "Bienvenidos", "Mil canciones" y "Dando vueltas", entre otros conocidos del repertorio. Un break sirvió para armar un set acústico que incluiría una zapada de armónica y los temas "La 25" y "Ruta 25" aggiornado con un video que podría haber sido testimonial de los pasos del grupo por nuestro país, pero terminó reduciéndose a la participación en River teloneando a los Stones.
Y si hablamos de los Rolling, no podía faltar "Star, Star" cantado por Gaba de Blues Motel como convidado al espectáculo y apertura del último tramo, que no variaría demasiado de los anteriores, sino porque abarcó la presentación de los integrantes de la banda al glorioso compás de "Can't turn you loose" de The Blues Brothers Band. Para el final de los veintiséis temas se eligieron como bises "Sucio sheriff" y "Solo voy", para ponerle un gran moño a más de dos horas de crudo rock n' roll.
Un recital que tuvo por momentos un sonido con altibajos, una simpática sucia desprolijidad rockera que a veces tanta falta hace y la seguridad de no encontrar algo diferente más allá de lo que vinimos a ver. Pero que cumplió holgadamente con los fieles asistentes que contentos volvieron a sus barrios con la felicidad del partido ganando desde el primer minuto.