Ex guitarrista de Charly García, vive en México y editó su segundo disco. Aquí habla de su inminente regreso. La entrevista de Guillermo Boerr, para Clarín.
 foto: David Fernández
|
|
|
|
|
Además de ser un guitarrista excepcional, el Negro García López es una fuente inagotable de anécdotas rockeras. Ahí está esa noche de descontrol en la que volvió con Charly García tirando dólares por la ventanilla de un taxi. O esa otra en la que le dio una trompada a un policía para que lo encerraran con el bigote bicolor. O la vez en que, siendo adolescente, su padre le presentó a Pappo's Blues, y que terminó con el Carpo apadrinando su primera banda.
Pero además de historias (de) tranochadas, posee un curriculum más que interesante. A principios de los '80 se hizo conocido con La Torre, y de allí saltó a Zas, donde era sin lugar a dudas el componente más rockero. Pero la historia lo recordará como guitarrista y compañero de descontroles de Charly. En el '99 se lanzó por su cuenta con la García López Band, con quienes en 1992 editó Da Cruz. "Le puse así al disco porque era el apellido artístico de mi padre (el cantante de jazz Paul da Cruz, compañero de grupo del padre de Charly Alberti, Tito)".
Pero el disco no tuvo el éxito esperado, así que volvió con García, y en el '99 decidió buscar mejores horizontes. "Necesitaba un cambio de aire, sentía que acá ya había agotado mis posibilidades. Había conocido el DF en una de las giras con el flaco (Charly) y un poco me había enamorado de la colonia (barrio) Coyoacán, así que me mandé. Por suerte me fui antes de que se armara todo el quilombo." Además de tocar como sesionista, se ganaba el mango tocando covers de rock nacional en un bar irlandés de la paqueta comuna Condesa.
Ahora García López acaba de lanzar Números rojos, su segundo disco como solista, planea volver a vivir a Buenos Aires y toca esta noche en La Trastienda. "El disco lo grabamos en formato trío (los únicos teclados que hay son los de Charly), y lo hicimos acá por una cuestión de costos. No es que me salió más barato, eh, gastamos lo mismo que allá. Pero puse casi toda la guita en los carretes de cinta, porque el sonido que a mí me gusta es el análogo. Las cosas grabadas en computadoras suenan frías, como chatas." También cuenta que, "aunque en México se labura, hay mucho menos rock, y la onda a nivel social no es la misma. Lo que más extraño de acá es la calle, hasta el olor a pizza en la calle. Vamos a hacer estas fechas (la de La Trastienda y otra en el Hotel Faena), después volvemos al DF a poner algunos asuntos en orden y luego venimos para instalarnos definitivamente". Lo que se dice, la vuelta de un hijo pródigo del rock de acá.