El primer disco de Callejeros luego de la tragedia es una catarsis para la banda y para los seguidores. Más allá de la (in)justicia, es su derecho a expresarse.
El regreso de Callejeros al negocio de la música llega como un dulce consuelo para fans necesitados de una alegría en formato musical. La placa ensaya una demarcación de territorio hacia los sectores sociales que circundan al grupo desde el 30 de diciembre de 2004: jueces, periodistas, políticos y "padres lentos y madres sordas". Estas 12 canciones radiografían el dolor, la bronca, las conclusiones y los fantasmas que visitan a los músicos de la banda desde entonces. "Señales" es un disco franco, afligido y con pocos estallidos donde lo más importante parece ser la posibilidad de generar una catarsis sentimental a la banda. Y más allá de que la mayoría de las canciones toman como fuente de inspiración a las consecuencias de aquella fatídica noche, hay algunos temas cuya fecha de composición (todas publicadas en el booklet) precede a la tragedia.
Dos constantes son la atmósfera melancólica y la sensación de que la música se desata. La canción de apertura se llama "Daños" ("quiero gritar pero el dolor calló mi voz / quiero sentir porque no siento el corazón") y es una declaración de impotencia que instala el ambiente de réquiem hasta el final de la placa. Le sigue "Puede", un rocanrol brioso que arrastra cuestionamientos hacia el canibalismo de los medios de comunicación ("¿Puede la envidia ser tu alimento? / ¿Puede "El Gran Suplemento" masturbar al pop? / ¿Puede el locutor más gordo ser tan forro y siniestro? / ¿Puede criticar el que no sabe quien sos?"). En "Límites" el ambiente gana aires arrabaleros, algo que caracteriza al sonido patentado por el grupo. Más adelante hay un homenaje algo deslucido del cantante a su novia ("Frente al río") donde le habla de fútbol ("me pregunto si tu Quilmes jugará en el más allá"), humo evocatorio ("lo enciendo frente al Río de la Plata sin dudar") y retoma una biografía de rock y muerte ("Tan hermosa como Janis y su luz / hoy no te tengo y sólo cargo con mi cruz"). "Sueño" es un reggae con aire apesadumbrado que parece haber sido compuesto en las sierras de Córdoba. Hacia el final se encuentra el primer corte de difusión: "9 de Julio" parece la lectura en voz alta de un diario escandaloso aunque suena como cortina de fondo ideal para un programa mañanero de Canal 9. La canción que titula el disco es un folk allà Gieco donde se acopia la cúspide emotiva de estos cincuenta minutos de música que cierran con una versión de un tango fatalista y resentido, "Desencuentro".
Musicalmente no hay nada nuevo: rock agridulce donde las guitarras, la batería y el bajo pasan de climas rústicos a otros más sosegados sin producir quiebres abruptos ni dejar lugar a las sorpresas. La voz aporta una sensación amarga y el saxo una cuota de dulzura, pero no se complican con ideas rebuscadas. Las letras parecen testimonios arrancados de la conciencia de Pato Fontanet y el tono confesional está revestido por una poesía barrial, tajante y certera. Y buena parte de los textos parecen producidos en la Escuela de Letras de Protesta de León Gieco. El valor comercial del disco ($45) es elevado, pero el 20% de las ganancias va a ser embargado por la Justicia. El booklet, con una bella y enlutada presentación, sigue la línea de los trabajos de Rocambole para los Redondos. La vuelta a las calles del grupo parecería ser inminente y "Señales" es un buen motivo para que eso suceda.