Para Raúl Porchetto, autor de "Reina madre", el circuito comercial de la música no valora debidamente el hecho artístico. La entrevista publicada en La Capital, de Rosario.
"Yo soy un músico y trato de no distorsionarme ni dejar que me distorsionen ideas como las de los 90, con el culto a las leyes del mercado", expresó el compositor y cantante Raúl Porchetto, quien se presenta, acompañado por Torrecillas (guitarra) y Daniel Porchetto (teclados) en el bar Olimpo , Mendoza y Corrientes.
-¿Vas a interpretar los temas del disco "Platino"?
-Sí, pero también voy a presentar cosas nuevas; estoy preparando canciones para un disco de estudio, y lo hago para volver a aparecer.
-"Volver a aparecer" implica haberse ido. ¿Podés profundizar esa idea?
-Hace unos años llegué a un punto de saturación y preferí parar, tomar distancia y volcarme a mis hijos. Las cosas se habían vuelto muy mecánicas y me hacían perder de vista el hecho artístico. El costo que uno paga es que después es muy difícil remontar una trayectoria, pero preferí ser honesto.
-¿Estuviste todo el tiempo sin producir nada de música?
-Estuve haciendo obras de corte clásico, con músicos del Teatro General San Martín, el Coro Kennedy, Jairo... y lentamente empecé este intento de recolocarme en el ambiente del espectáculo.
-¿Y qué dificultades encontraste?
-Ahora el circuito comercial no tiene presente el hecho artístico y es una situación de mercado; el disco por salir es lo nuevo y bueno; el que salió ayer es viejo y malo. Si te prendés en eso, además de enajenarte te convertís en un mediocre. Hoy lo bueno es llenar estadios.
-¿No sirve llenar estadios?
-Sirve, pero eso no es la condición que te hace buen artista. Primero hay que defender lo artístico y después, ojalá puedas vender, llenar estadios y ganar mucho dinero.
-¿El disco que estás preparando mantiene tu línea musical de siempre?
-Hay una línea ya marcada, pero también una búsqueda. Ningún disco mío tiene mucho que ver con otro porque trato de no reiterarme. La idea es ir a los ritmos fuertes misturados con armonías del jazz. La temática se refiere a realidades cotidianas, porque me siento un músico popular y a un disco siempre lo imagino como la charla con un amigo.
-En parte del ámbito musical eras mirado con prejuicio por tu actitud militante en torno al catolicismo. ¿Continuás percibiendo eso?
-Eso ocurrió, pero también es real que en un momento yo era uno de los más rebeldes. Alguien consideró recientemente que "Cristo rock" es lo más duro, ideológicamente hablando, que se ha escrito en el rock argentino. Yo no pretendo que nadie siga mi línea, ni quiero encuadrarme detrás de modas o de lo que esté bien o mal visto. En realidad mi atracción no es hacia lo religioso, sino hacia lo espiritual, que es un salto cualitativo muy grosso. Desde Sting a Lennon todo pasaron por eso y sin embargo nadie lo cuestionaba. Aquí eso sucede quizás por prejuicio o por ignorancia, que son lo mismo. Parece que si seguís determinada línea avalás determinadas cuestiones sociopolíticas muy crueles del pasado reciente y, en realidad, no tiene nada que ver una cosa con la otra. Una locura que podría resumirse en la idea de que "si tenés una postura religiosa, sos procesista".
-¿Cuál es tu visión del rock que te tocó vivir?
-Si el rock argentino no desapareció en los años 90, no desaparece más. Ese movimiento, que aquí se formó a mediados de los 60, vivió algo muy parecido a lo que le pasó al tango de los años 40, que se llenó de gente preclara y brillante desde lo estético y desde lo ético y creo que ahora resurge el reconocimiento a esa gente.
-Con tu experiencia, ¿qué conclusión sacaste de lo de Cromañón?
-En este caso fue un recital de rock, pero esto es el producto de la imprevisión y podría haber pasado en cualquier otro ámbito.