Noticias


15.08.2006.-

Un mundo feliz

Miguel Mateos volvió a Mendoza con un ovacionado recital donde homenajeó sus influencias musicales con un generoso repertorio de canciones de su autoría y clásicas del rock. La crónica de Pablo Pereyra, para Los Andes.



Ni el hecho de que el año pasado Miguel Mateos haya tocado gratis en la plaza Independencia en el aniversario de Diario Los Andes y que el concierto fuera transmitido en vivo por una emisora de local, impidió que mil novecientos espectadores prácticamente colmaran el sábado el auditorio del Parque Cívico para escucharlo.

El ex Zas es un clásico contemporáneo y como siempre, se las arregló para meterse al público en el bolsillo con un nuevo show, quizá el más personal y retrospectivo que haya tocado jamás en Mendoza.

La novedad esta vez fue convertir el concierto en un recorrido casi nostálgico por la música que a él particularmente le ha influido a lo largo de sus veintipico años de carrera. Canciones personales, de los discos que todavía guarda en su living, obras que lo ayudaron a crecer, a inspirarse, a definirse como profesional, agrupadas en un generoso recital de dos horas y media.

Con su look de pelo largo, pantalones de cuero y camisa con flores, Miguel Mateos disparó su eficaz parafernalia de canciones con una energía maratónica, que incluyó tantos momentos íntimos y relajados como de euforia rockera pura, en un cóctel de más de treinta obras, en lo que él mismo definió como un “Magical mistery tour” o “sus episodios musicales preparados especialmente”.

Con un despliegue de luces atmosférico y a un ritmo ciclotímico, la banda comenzó por los 80; “Tirá para arriba”, “Extra”, que calentaron el ambiente, para pasar a un “Obsesión” acústico y “Si tuviéramos alas” y “Perdiendo el control” interpretados para calmar la ansiedad del público y concentrarse en lo que venía a presentar, es decir, darse sus gustos.

El recital homenajeó alternadamente obras de Manal, Creedence, Génesis, Tears For Fears, Spinetta, Bee Gees, Paul McCartney, Almendra, Los Gatos, Phil Collins, Charly García y John Lennon, siempre con versiones acomodadas a su toque instrumental personal.

Como era de esperarse, no se olvidó de su repertorio personal aunque esta vez actuó con un criterio de arqueólogo de su propio tesoro y desempolvó canciones que no habían sonado en Mendoza hace al menos dos décadas. En esa línea, Mateos sorprendió con “You are the one”, la balada del disco “Cryptonita”, “Peleando por tu amor”, “Dulce Ana”, “Malos pensamientos” y “Mundo feliz”, que fueron melancólicamente muy bien recibidas por el público.

No obstante, también conformó con sus clásicos de siempre; “Atado a un sentimiento”, “Es tan fácil romper un corazón” (con una versión superior a la grabada oportunamente), “Bar Imperio”, “Tengo que parar”, “Sombra en la pared”, “Llámame” y en zona de bises “Cuando seas grande” y “Un poco de satisfacción”, entre muchas más.

Lo mejor de Mateos fue cuando se alejó de los acostumbrados “hits”. En el repaso de sus covers preferidos se distendió íntimamente, logrando emocionar con los recuerdos que despertaron aquellas canciones en castellano e inglés, acercándose a su público como si estuviera tocando en el living de su casa.

A lo largo de su recital, se oyeron muchos arreglos de clásicos rockeros adornar los finales de sus propios temas, estrategia que alternó a lo largo del repertorio, “sampleando” guitarras de Led Zeppelin, Génesis y Creedence, entre otros.

El recital fue como una herida abierta sin dolor, una reunión de amigos muy cercanos donde Mateos, como un anfitrión de lujo, invitó a todos a repasar 30 años de su música preferida y de paso, cantar sus propias canciones. Inolvidable.



Enciclopedia: #  A  B  C  D  E  F  G  H  I  J  K  L  M  N  O  P  Q  R  S  T  U  V  W  X  Y  Z 
Blog.Rock.com.ar: lo último