La cuarta placa de Estelares, seguramente, los llevará lejos. Con momentos brillantes, es ni más ni menos que la consagración de la banda.
Un disco precipitado. No transcurre un segundo desde que pulsa play cuando la voz de Manuel Moretti dispara: "otra vez mirando las vías del tren / sin poder volver atrás pero extrañando volver". Después se desata una melodía donde las guitarras limpias pero fuertes siguen a la voz en una canción con estribillo adictivo ("Si es amor/ es normal/ perderse"). Sobre el segundo puente aparece Pity Alvarez para contar que "la otra noche perdió la cabeza". De vuelta el estribillo, solo de viola y cierre con estribo a dos voces. Así transcurren los casi cuatro minutos de "Las vías del tren", track inaugural de "Sistema nervioso central", el nuevo y consagratorio esfuerzo de Estelares.
En el resto del material hay un alto porcentaje de ADN beatle, algún gen calamariano y un caldo de guitarras neoyorkinas álla Strokes. "Eléctricos duendes" habla del verano en un club de onda cordobés con chicos que corren mientras gritan que son "hippies año 2000". La tercer canción es un up tempo ideal para saltar en un recital donde Moretti describe "Un día perfecto" diametralmente opuesto al reventado "Perfect day" que imaginó Lou Reed: acá una chica dice sí sobre un fondo con "golondrinas en pleno cortejo". Queda la sensación de que Andrés Calamaro está en los coros, pero como no aparece en los créditos suponemos que no se trata del Salmón en persona. "Aire" es la primera canción con base testimonial; alude a viajes entre Buenos Aires y Junín, folk, libros de amor, recuerdos de un show en el glorioso Tinto Bar platense (se nos pianta un lagrimón a algunos) y una relación que "no da para más".
Párrafo aparte para "Ella dijo". Una melodía suprema, el clímax del disco, una hija no reconocida del Calamaro que firmó "Pasemos a otro tema". En cinco brillantes minutos Moretti describe un crítico instante de toma de decisiones sentimentales en un departamento casi vacío. La presencia del Decadente Jorge Serrano embellece a una balada ya de por sí perfecta que remite a los cantautores latinoamericanos de los '70s.
Le sigue una melodía beatlesca, "200 monos". "Jardines secos" está construida sobre un bombo en negras, samples (crédito de Martín Bosa) y un estribillo memorable. "El corazón sobre todo" ya había sido grabada en el segundo disco de la banda ("Amantes suicidas", 1998), pero se merecía formar parte de la placa definitiva del combo. Moretti retoma la faceta autobiográfico en "Un show", donde rememora una visita femenina en camarines. Se victimiza: la chica se ríe de él y lo besa para convertirlo en su souvenir... pobre tipo.
Si por estos días tienen que escribir una carta a una pareja y andan faltos de inspiración pueden escuchar "Luxemburgués" para tomar algunas frases prestadas; van a obtener una respuesta cálida. "Campanas" es un valsecito que describe el derrotismo que se siente a las ocho de la mañana después de pasar la noche alrededor de un plato con sales efervescentes. Sobre el final, en "Qué será?", aparece otra vez el bombo marchoso; esta vez para dirigir una fiesta de desconocidos que okupan la casa de Moretti. Los aires épicos de "Ardimos", composición que tituló el disco anterior de Estelares y quedó fuera del mismo, son un cierre perfecto para "Sistema Nervioso...".
Paralelamente al momento en que empezó a bajar la espuma de la exaltación rasa del rocanrol callejero, en el mercado mainstream local empezó a subir la cotización de la canción bella. En ese orden, Estelares saco un disco que toca un nervio sensible de la audiencia argentina. A lo largo de estas catorce canciones que festejan los pequeños triunfos cotidianos logran una empatía sin fisuras con el joven argentino promedio y muestran una manera de solucionar los problemas sin derrumbarse anímicamente.
La tapa es obra de Juan Soto y muestra un dibujo de las cabezas de cuatro bestias mutantes unidas por un tejido de nervios. En un disco tan abierto ayuda a generar un poco de misterio, al igual que la foto oscura y fuera de foco que presenta a la banda. Y la presencia de invitados como el Sebastián Escofet, Mariano Martínez (el de A77aque, no el actor) y Mariano Esaín le da un aire familiar.
Musicalmente la banda de junineses con pasaporte platense está en un momento grandioso, pero no es mucho mejor que cuando grabaron "Ardimos" (03). Esto no habla de estancamiento, sino de la desmesurada importancia de los aparatos de difusión por sobre el trabajo de los artistas. Las nuevas canciones de Estelares no le sacan ventaja a las de sus discos previos, pero seguramente los llevarán mucho más lejos y más alto. Sí, puede ser que estén más redondeadas y la producción de Juanchi Bailerón las haga brillar, pero la materia prima que amasaron en quince años de trayectoria no presenta alteraciones en su fórmula. Sigue habiendo un compositor (Manuel Moretti) que abre su corazón sin pudores para describir con talento lo que ven los ojos de sus personajes; los textos siempre estuvieron armados por palabras simples y exactas. Quizá la mayor diferencia radique en que los personajes de Moretti ahora disfrutan del pasto y el sol en la plaza en vez de instalarse al atardecer bajo de un puente.
A un mes de su salida ya provocó que Estelares cuadriplique su cantidad de fans (testeado vía Soulseek). "Sistema Nervioso Central" es el nuevo disco de la banda que más crecerá en el corto plazo. Merecido, por cabezaduras.