La nueva placa de O'Connor deja de lado el encierro metalero para abrirse sutilmente a otros estilos y destacar la voz del cantante.
"Estamos pariendo", el quinto disco de estudio de Oconnor, está cargado de virtudes y la principal tal vez sea que no se trata de un disco estrictamente metalero. El cuarteto no abusa del ruido a lata, el machaque de la doble bombo o el riff incisivo; para esos ingredientes usa la cuchara chiquita y los espolvorea sólo donde son indispensables. Hay momentos donde la banda parece martillar rústicamente pero en la mayoría del recorrido busca la armonía. Y el sonido logrado en estudio remite tanto a la simplicidad contundente de Sabbath como a la precisión de Fight o la actualización de Audioslave.
Lo primero que se oye en "Estamos pariendo" es un redoble de tambor al que se le adhiere un riff filoso; segundos después O´Connor empieza a revelar fotografías con imágenes de tortura y recuerda a los desaparecidos por la dictadura (la canción se titula "1976"). En "Hasta ser libre" la banda suena más alternativa y la voz más grave. En la canción que bautiza al disco las guitarras suenan más bien stoner. Le sigue "Saben bien", que empieza con un riff feroz y bombo en negras como para obligar al head banging y los cuernitos; y después de un puente armonioso aparece un estribillo donde la voz está formada por dos tomas editadas con una pequeña distancia, lo que le hace ganar estética fantasmal.
El "Rock del suicida" es una canción indeleble que relata en primera persona el momento en el que un hombre bomba está a punto de inmolarse. También se la puede interpretar como la materialización de la crítica visión del cantante sobre el rocanrol bengalero y sus ominosas secuelas. La letra comenta "soy un fana de la religión/ y en la muerte encuentro perdón/ .../ Cómo corren lejos de mí/ son cobardes, quieren vivir". Después sigue "Algo de mí", una linda balada con guitarra acústica y teclados que emulan cuerdas. En "Desconfianza" O´Connor entona tan grave que parece Leonard Cohen cantando en castellano; y durante "Enroscado al mundo" rechina como el Indio Solari, excepto en los coros, donde chilla igual que un gato (como lo hacía en Hermética). El último acto de esta obra es "Correr y no volver", balada power con matices pop donde O´Connor demuestra que se podría haber dedicado a cualquier estilo musical, incluso el pop.
La voz de Claudio O´Connor es la gran protagonista del disco, sobre todo por la amplitud de registros que ofrece al interpretar las canciones firmadas por él y el bajista Hernán García (letra y música respectivamente). Ese talento le permite a la banda mostrar diferentes matices y de esa manera evita generar tedio en el oído no metalero. "Estamos Pariendo" es una placa breve a la que sus 38 minutos no le sobra ni le falta nada. Y ese equilibrio, que nace de la voluntad de permitirse la sensibilidad, evita que caigan en lo más empalagoso del metal: la destreza onanista, el aguante pendenciero y las ataduras de la ortodoxia.