20 mil personas se dieron cita en Jesús María para la presentación de "Truenotierra" en Córdoba.
 Foto: LaVoz / Sebastián Salguero
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El paso de un comenta no fue el único espectáculo visible en las sierras cordobesas durante el fin de semana. La banda liderada por Chizzo Napoli y los hermanos Iglesias se presentó en la capital de la doma y el folclore, nada menos que en el anfiteatro José Hernández. Un poco para darse el gusto y otro poco para cumplir con todos los recaudos en materia de seguridad, los muchachos de Mataderos se afincaron en la zona junto a los miles de seguidores que atravesaron el país para oírlos.
Desde muy temprano el paisaje del lugar, quepocos días antes había albergado a los jinetes y folcloristas de su festival tradicional, se tiñó de rojo y negro con la llegada de los tempraneros de siempre. La Terminal, abarrotada de roqueros, las vías del ferrocarril destilando aroma a vino y asado, los bares saturados de gente y los balnearios sirviendo de aliciente al calor, eran algunas de las postales que “los mismos de siempre” daban vida en la ciudad.
La Renga venía de presentar en medio de un verdadero temporal su última placa, "Truenotierra", en Mar de Plata y se rumoreaba en los pasillos de la producción que había mucha energía contenida de parte de la banda que no quedó conforme con ese show. Lo cierto es que la expectativa nuevamente fue mucha y así quedó demostrado una vez más.
Desde temprano se habilitó la entrada del público al anfiteatro. Camino a la puerta eran dignas del mejor fotógrafo las escenas que se gestaban en la vereda: una señora y su nieto tomando un helado junto a dos o tres pelilargos que hacían lo mismo, pulperías de pueblo infestadas de motoqueros ensayando el repertorio antes de entrar, la gente espiando detrás de la cortina a esos “cosos” que toman cerveza en las esquinas, señoras mayores que se sonrojaban al verles la facha... en fin, cosas que suceden siempre que la banda más convocante de los últimos años decide abandonar las urbes para ir al interior del interior.
Cuando promediaban las 20, la cola que avanzaba rápida y organizadamente hacia el acceso principal era musicalizada por un grupo efusivo de foráneos que, a ritmo de bombo y los cánticos de guerra conocidos por todos, arengaba el desfile de señoritas y muchachos que se aprestaban a entrar. Dos controles policiales se encargaban de retirar cuanto encendedor y embase detectaban a su paso, aunque claro está que más de uno logró burlarlo.
Quien ha visto alguna vez el campo de la doma sabrá que está rodeado de tribunas y un césped que más de uno quisiera en su jardín. Imagine quien se haya perdido esta fiesta ver el lugar tapizado de banderas de las más remotas latitudes y como único vestigio de la doma, los palenques. Sobre el escenario, un águila roja detrás de la batería era el único adelanto que los escenógrafos dejaban ver. Así, Jesús María recibía a esos 20 mil espíritus que, bajo un sol radiante, esta vez sí iban a poder disfrutar de un show con todas las letras.
El Trueno
Apenas pasadas las 22, las luces se apagaron y se desplegó el resto de la escenografía: un telón que reproducía el arte central del disco simulando rayos y tierra quebrada. Sobre los laterales, pantallas gigantes mostraban imágenes de las grutas de cera, hierro fundido, truenos, relámpagos y el águila que anunciaba el comienzo. Oscuro Diamante fue el primer tema de la noche y con él finalmente fue liberada tanta adrenalina contenida.
El desfile de canciones combinaba un tema nuevo con uno viejo, así fue que A tu Lado, Almohada de Piedra, Montaña Roja y En el Baldío caían en la noche. “Gracias Córdoba por recibirnos siempre con este caluroso encuentro”, dijo Chizzo desde su esquina y Cualquier Historia le daba un poco de respiro a los muchachos en el pogo. “Vamos a irnos un poquito lejos, vamos a ver si se acuerdan de este”, desafió el cantante e hizo sonar Cortarla y olvidarla.
Para la gente de Córdoba, uno de los momentos más emotivos de la noche fue la dedicatoria al Largo Juárez, fallecido a finales del año pasado en un accidente automovilístico, de Motoralmaisangre. “Esto que viene ahora es de un disco viejo… cuidado la zapatilla chicos, nosotros no tocamos con zapatillas”, dijo Chizzo esquivado un zapatillazo. “Este tema se lo quiero dedicar a un amigo que hoy no está entre nosotros pero que trabajó acá mucho tiempo, un amigo de acá, de la casa de Córdoba, que seguramente nos estará mirando desde el ciclo, para el Largo”. Ariel Juárez fue jefe de seguridad durante muchos años de Perro Records y Nueva Tribu, trabajando además con La Renga en muchos de sus shows más importantes; en Cosquín Rock, Viticus también le rendirá su homenaje, tocando con su banda La 66.
La seguidilla de temas continuó con Bien Alto, Palabras Estorbantes, Manu cantando Entre la Niebla, Twist del Pibe, y la incorporación de los vientos legendarios de la banda en La Boca del Lobo. Ser Yo, Mujer del Caleidoscopio, Llenado de Llorar, Cuando vendrán, El ojo del Huracán y un paseo “por la ruta mas larga del mundo, que es una ruta de la argentina: Ruta 40” y un “clásico de la banda que fue escrito en la ruta 40”, Lo Frágil de la Locura.
La Tierra
En las casi dos horas y media de show sobró tiempo para agradecerle a los plomos, para que Miyo suba a escena para homenajear a Pappo con el tema Viva Pappo, afirmar una vez más que “si La Renga tiene algo lindo es ese publico aguantador, porque en el rock hay mucho piripipí” y reírse de las desgracias: “hoy por suerte es una linda noche, en cambio la otra vez, ¡la puta!, que temporal. Esa fue la presentación de Trueno Tierra, pero dicen que en Córdoba hay mejor clima por eso nos vinimos para acá”.
Los bises llegaron con Panic show y un desafortunado incidente, antes de El Final es en Donde Partí: eran las 00.20 cuando apenas empezado el tema un par de muchachines decidieron encender una bengala roja en el costado izquierdo del predio. Automáticamente el sonido se cortó, las luces se apagaron, y alguien le avisó a Gustavo Napoli el por qué y la reacción fue clara, tanto arriba como abajo del escenario: “Ustedes ya saben cómo es esto, no hace falta repetirlo. Estamos enfermos de adrenalina. No hace falta ajusticiar a nadie, solo pensemos que fue un error, no se peleen”. Para luego ironizar: “Hay que explicarle a la gente... hay que explicarle, bué!...” Y siguió: “¿Empezamos de vuelta?”, dijo, mirando hacia estaban educando a golpes al pibe que sostenía la bengala. Luego, Hablando de la Libertad marcó el cierre de la noche.
Como hormiguero al que le echan agua, las puertas se abrieron nuevamente para que los miles de fanáticos salieran del lugar. Extasiados y abatidos por el cansancio, la peregrinación los depositó en camping, bares y en la terminal de colectivos. En paz, salvo por un intento de seguir “explicándole” a quienes prendieron las bengalas que eso ya no está permitido, cada cual buscó su norte. “Gracias, gente de Córdoba, por todo”, le dijo al pasar un pibe a una pareja de ancianos que se aprestaban a tomar el fresco de la plaza. Queda para el recuerdo la cara de asombro de estos lugareños. Y así, sin más, se levantó el campamento de los mismos de siempre, hasta que se vuelvan a juntar nuevamente en Santa Fe.