Luego de cuatro años de espera llegó el nuevo disco de Las Pelotas, con mucho menos protagonismo del Bocha Sokol y producción artística de Germán Daffunchio junto a Sebastián Schachtel.
La primera sensación que provoca "Basta" es la idea de ser álbum de ruptura. Y en ese clic no es un dato menor que el muy querido "Bocha" Sokol (líder indiscutido para su público) tenga menos protagonismo que nunca. En el séptimo trabajo de estudio de Las Pelotas Germán Daffunchio se hace cargo de ser el principal traductor del grupo y firma una producción artística junto al tecladista Sebastián Schachtel. La desproporción provocó la aparición de algunas lecturas (¿demasiado obsesivas?) que ven discordia en el núcleo duro del combo. Pensando desde esa lógica, se puede interpretar cierto clima complicado en los títulos de algunas canciones ("Basta", "Dicen que la distancia", "Matrimaricomio", "Buscando un cambio" o "Partidos").
Es incuestionable que existe una nueva identidad, un sonido más brilloso y menos cerrado, como si la banda hubiera desechado una capa de piel para renovarse. Incluso en las fotos de la grabación publicadas en la página oficial aparece sólo una imagen de Sokol y doce del cantante y guitarrista calvo. Otro detalle: por primera vez desde "Amor Seco" (1996) no grabaron en sus propios estudios en las serranías de Nono, sino que recurrieron a los estudios Panda, donde hace más de quince años registraron su álbum debut. Pero de ahí a una separación... tal vez dentro de muy poco tiempo editen una placa con reggaes cantados por Sokol y los rumores de separación inminente se evaporen.
La canción que titula y abre el álbum parece la segunda parte de "Desaparecido", aquel himno sobre el caos político/urbano incluida en "Esperando el milagro" (2003). La suavidad acústica de "Como un buey" aquieta aguas y se planta de cara al futuro, mientras Sokol habla de encontrar el sitio para uno. Paso seguido llega un ska que va a hacer saltar a toda la monada durante los recitales: "Siento luego existo" refuta a Descartes y festeja los pequeños triunfos íntimos; junto a "Dicen que la distancia" parecen ser los temas más radiables de la placa. Ahí aparece "Partidos", mid tempo funkeado con trompetas babilónicas donde Sokol habla de un Armagedon inminente y los samples de Schachtel se lucen. En ese momento surge "La brisa", que opone los silencios palpables de los versos a la sensación de inmensidad oceánica del estribillo. "Buscando un cambio" es una canción dulce sobre refugios compartidos, estrellas descorchadas y el deseo de la apertura de un alma. Inmediatamente después aparecen las imágenes naturales de la anhelante "Ya no estás"; una bella y simple melodía de dos tonos con coros encantadores de la bajista Gabriela Martínez y Daffunchio. "Donde te escondés" tiene una batería rápida sobre la que se dibuja un arpegio en tonos menores y una letra que parece hablarle a un ser encubierto. Otra de Sokol: "Matrimaricomio", una agitada página futurista con una exigida y explosiva base del baterista Gustavo Jove en la que emula ritmos de drum and bass; el texto explica la decadencia del abuso de poder e incluye una frase que sintetiza todo: "Si la mano crece nunca te enterarás/ con la otra mano te vas a matar". Y le pegan "Revolución", firmada por Daffunchio y el guitarrista Tomás Sussman; un rocanrolito grooveado donde la vocalización, similar a la de "Pará con la papa", compara con gracia el cuerpo fisurado con un motor al que "no le anda el arranque". Los aires plácidos y acústicos de "La marmota" nos reparan el alma de los dolores mundanos con una melodía muy muy Sumo. Y así llegamos al punto final, otra belleza acústica arpegiada titulada "Más que un deseo" obra de Martínez/Daffunchio. Es un delicado momento de despedida con un sublime clímax marítimo y nocturno en el que el aire es tan pesado que cuesta pasarlo por la garganta. Y las últimas palabras que nos dejan son pura poesía desconsolada y esperanzadora a la vez: "Te encontraré donde pueda/ me llevarás hasta el cielo/ perdurarás en el aire/ mientras te vuelvo un sueño".
Después de cuatro años Las Pelotas entregan un disco de estudio de calidad indudable y demuestran que son capaces de contener un tsunami interno sin que se filtre agua hacia afuera. No es un dato menor que estos hábiles lectores de la actualidad socio política no hayan compuesto el álbum desde la catástrofe delarruista, sino desde una época bastante menos abrupta. Musicalmente no se puede apreciar una evolución con respecto a sus últimos discos, mucho menos hacia los primeros, pero tampoco un retroceso. Para mantener el ritmo reiteran la fórmula de construir con la simplicidad: casi todas las canciones están compuestas sobre dos tonos. Se puede hablar de un disco cálido y afectuoso, que le habla directo al alma. Y un dato de color es la participación de Pity Fernadez en el solo de "Revolución". Inevitablemente, este material nuevo deleita. Pero si se lo piensa como lo único que van a editar en cuatro años, da un poco de hambre.