En el segundo acto del Quilmes Rock 2007 todo se adecuó para que la noche fluyera entre lo ochentoso, glamoroso y popero.
 foto: Gabriela Porzio
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Lamentablemente, a veces las máquinas se rompen, el tránsito te demora, la acreditación se hace lenta y se pierde algo más que preciado: el tiempo. Situación que a aquellos que vemos con pasión nuestro trabajo nos enfurece, pero es así: habrá que salir antes, decimos. Bajamos la cabeza y nos consolamos con el próximo evento.
Luego de Estelares y Árbol que abrieron la jornada, fue el turno de Psychedelic Furs. Los originales, el grupo de los hermanos Richard y Tim Butler (voz y bajo) y John Ashton (guitarra) vuelve a rodar en pleno resurgimiento del sonido '80 como Ave Fénix de las cenizas del punk en 1978. Fueron un grupo de culto hasta 1986 y llegando al supuesto final en el año 1991.
Con ocho discos en su historia y más crédito artístico que muchos otros, se presentaron ante una saludable cantidad de gente que sin necesidad de corear sus temas respetó y aplaudió la interpretación más que aceptable de lo que para algunos es el eslabón perdido entre Sex Pistols y Nirvana.
Por supuesto, en el set de setenta minutos no falto "Pretty Pink", su mayor éxito que los catapultó a la fama mundial, o un nostalgioso "Heartbeat", para aquellos más allegados a su obra. Un punto de referencia de la historia musical del planeta pasó por River y no en forma desapercibida.
Más gentío se unía al ruedo y se iban poblando las plateas como así también el campo, mientras la seducción y embrujo de Babasónicos pedía pista para un contundente show de 23 temas que jugó entre "Jessico", "Infame" y principalmente "Anoche", aunque el toque estuvo dado por "Los desfachatados" y "El loco", para el recuerdo siempre presente.
Como siempre, Adrián Dárgelos fue el centro de las miradas por sus atuendos tan particulares y por su desparpajo a la hora de la interpretación. Redundante sería remarcar la garantía del espectáculo cuando los Baba se hacen cargo de la escena, pero si es necesario decir que el sonido fue impecable y que de cada lugar del estadio se podía apreciar con total nitidez cada una de las bucólicas letras del grupo. "Pobre duende" dio pie al líder a tirar un pequeño comentario entre líneas que seguramente para la mayoría paso inadvertido.
"Luces" e "Irresponsables" fueron los bises y la sobrecarga emocional crecía a pasos agigantados ante la presencia de la banda británica Keane, compuesta por Tom Chaplin (voz) Richard Hughes (batería) y Tim Rice-Oxley (teclados).
Conocidos por su pop inglés que supo ganar muchos adeptos en el mundo, los Keane hicieron bailar a todos con un despliegue escénico impecable y digno de un show internacional. La verborragia del cantante no hizo más que afianzar lazos muy fuertes con el público local, asegurándose próximas presentaciones a estadios llenos.
Dos pianos y una batería al centro despistaría a más de uno que esperaba ver a cada lado del escenario una guitarra y un bajo. Es la composición de esta banda lo que más llama la atención, sobretodo a la hora de evaluar el producto final. Aunque indudablemente gran parte del éxito está basado en la voz de Chaplin, que seduce y encanta a todos por igual.
No faltaron ninguno de sus hits, tanto de "Hopes and Fears" o de su último álbum "Under the iron sea," en un set que se explayó por mas de una hora y media ante el fantástico "… oh oh oh…" tan nuestro y tan apreciado por los artistas internacionales. Para resaltar el momento solista/acústico de Tom interpretando "Your eyes open": un verdadero hallazgo.
Keane pasó por Buenos Aires y dejando muy en claro por qué hoy son una de las bandas más consumidas y aplaudidas en cada lugar que pisan. "Bedshaped" fue el momento final, con la despedida emocionada del grupo y la satisfacción de los presentes de haber disfrutado un verdadero show.
Para éste sábado, una grilla más nacional y de barrio nos deparará una nueva dosis de rock.