Detrás de la idea no hay una discográfica -pertenecen a distintos sellos- ni una productora, sino las ganas de unos músicos que son amigos y sienten el rock de verdad, y que si tocan en grupos distintos es sólo porque así se dieron las cosas. La Mancha de Rolando y Jóvenes Pordioseros se juntaron para tocar juntos el sábado. Y quieren seguir haciéndolo.
Nadie recordó que en ese sábado 19 se cumplían exactos 35 años del fatídico día en que un tren terminó con la vida de Tanguito y quizás esté bien, porque lo que se celebraba esa noche era el encuentro y el futuro. Ese día La Mancha de Rolando y Jóvenes Pordioseros fueron los protagonistas de una fiesta casi íntima, porque la compartieron apenas 900 seguidores del rock de Olavarría en un gimnasio cuya capacidad total permite recibir mucha más gente, y sin ampulosidad mostraron qué bueno está eso de compartir. El resto los excede: ellos, los protagonistas de la fiesta, no alcanzan a ver todavía cuánto significa el cruce, sin vanidades ni poses, de dos buenos grupos de rock que se unen para tocar a partir de la amistad, de la comunión de sueños y ganas y del sencillísimo quiero hacerlo y lo hago.
Antes del concierto, en el camarín, Toti de los Jóvenes se enteró por medio de este cronista que algo así no sucede en el rock desde aquellas giras compartidas de Crucis, La Máquina de Hacer Pájaros y León Gieco (circa 1976) y sus ojitos brillaron; después vino la sonrisa: "Buen dato, amigo, lo voy a decir en todas las entrevistas...". Unos metros más allá, el Negro de La Mancha contaba que la idea apareció un día en una mesa de café, como muchas otras veces ha sucedido con cosas importantes, y que a nadie se le ocurrió no concretarla.
Después todo sucedió en el escenario. Comenzó La Mancha con un set imparable -Antes, Buscar, A vivir, Arde la ciudad-, siguieron Los Jóvenes con otra selección de hitos propios -Bailando, Pegado, Cuando me muera, Quiero tocar, No la quiero dejar-, y luego otro ida y vuelta: La Mancha con Chino, Ey cabrón, Adonde vamos, En la altura y Down de los Guasones pegado a Calavera, y los Jóvenes con Esto no se ve, Hijo del Oeste, Nunca me enseñaste y Pirotécnico. Y después -el armado técnico lo permitió- las dos bandas sonaron juntas. Pudieron haber tocado muchas pero eligieron Mago de la lluvia, Descontrolado y dos covers elegidos no al azar, Ruta 66 e Intoxicados. Final, abrazos, sonrisas. La hicieron.
Sobre la izquierda del escenario, donde tocó La Mancha, estaba la bandera de los Jóvenes. Y sobre la derecha, el sector de los Jóvenes, la bandera de La Mancha. No fue un error ni una confusión, seguramente. Allí estaba el guiño del encuentro.
La experiencia Olavarría, se comentó luego, fue una especie de ensayo general. La idea es seguir por donde pinte, compartiendo el ómnibus, el hotel, la ruta, el camarín y el escenario.
En estos rabiosos tiempos de individualidad y egoísmos, el gesto de estas dos bandas parece un antídoto que estaría bien no ignorar. Se celebra.