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27.06.2007.-

Crítica: "Boggie en la luna"

El EP debut de la banda patagónica La Patrulla Espacial contiene cuatro temas de interesante psicodelia.



La Patrulla

La Plata sigue ofreciendo un lugar de encuentro y dispersión para cerebros abrumados con intenciones de quemarse a alta velocidad. Lo de La Patrulla Espacial, un quinteto de músicos nacidos en Comodoro Rivadavia (bah... hay uno que es de Río Grande, Ushuaia) y reunidos en la ciudad universitaria bonaerense, es un caso digno de consideración: son pocas las veces que apenas cuatro canciones logran hacer flamear al oyente. Y ellos, en quince minutos y fingiendo no esforzarse, lo logran.

"Noche espacial" transmite desprolijidad en dos tonos y un caos denso, pero da la sensación de que estos mismos archivos ejecutados en vivo deben lograr efectos perturbadores en la conciencia; en el solo de guitarra a puro wah wah y platillos derrumban cualquier suposición de escasez de técnica (de hecho los cuatro estudian Composición Musical en la Universidad de Bellas Artes platense). Le sigue "Sentados en la estación", donde se ponen un poco más histriónicos, nocturnos y suburbanos. "Psicodélicos sonidos" parece estar hecha para tocar en vivo en un bar abrumado y pernicioso como el de "Del crepúsculo al amanecer"; nos habla de "humo que flota en las venas" y después de lograr cierto esplendor se disuelve girando sobre sí misma hasta agotarse. El cierre es "Boggie en la luna", canción mareada que empieza cantando sobre un riff sucio y baja sus revoluciones hasta terminar gateando y susurrando.

La primer banda que viene a lo que queda de la cabeza después de escuchar a La Patrulla son los Jesus & Mary Chain. El sonido del grupo está (de)formado por líneas de guitarras saturadas que parecen construidas para mantener un groove sónico, pero no están en un primer plano explícito. Entre el bajo y la batería se construye una pared grave en la que un borracho se puede apoyar con confianza. La voz de Tomás Vilche Ferrayoile es más bien grave, articulada, y a ella se le suman los tenebrosos coros de sus compañeros. Las canciones, todas con mucho gancho, parecen compuestas para describir perturbadoras visiones de los momentos en los que el cerebro está fuera del cuerpo, y las letras aluden constantemente a sensaciones espaciales. Definitivamente tienen una seductora desolación patagónica innata, pero quién sabe lo que pasaría si nos tuviéramos que enfrentar a una constelación de quince canciones monotemáticas.

La Patrulla Espacial suena como Pappo en un satélite orbitando alrededor de Saturno. Hacen canciones que parecen destinadas a que el torso pierda el equilibrio, el cuello se vuelva gelatina y la mirada se pierda intentando ver el cerebro. Es la clase de banda que se puede consumir cuando hay ganas de experimentar psicodelia y no hay dinero para justificar un llamado al puntero. Pero también es la primera que habría que escuchar con la transacción ya realizada. Conmoción garantizaahhhdaaaahhh!!!!



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