El segundo disco de La Zurda se destaca como uno de los más importantes del 2007, que bien vale la pena escucharlo.
De entrada lo primero que se capta en el nuevo disco de La Zurda es, como lo definiría un amigo fóbico, la presencia una explícita apología al optimismo. Y si vemos una tapa con la imagen de los músicos paseando en una motito Vespa sobre un arco iris, poco se podrá alegar en su defensa. En el segundo opus de este combo del Oeste del Conurbano bonaerense podemos encontrar eficacia rítmica, armonías a-veces-acústicas-a-veces-eléctricas (incluso electrónicas), más charangos y cajas peruanas latinizando las composiciones. Por si fuera poco las doce canciones tienen el sello prolijo y el corte sabio de la producción de Guyot-Toth, lo que parece haber permitido que el sonido de la banda se condense.
"Para viajar" nos muestra a La Zurda en diferentes facetas. Por un lado hay canciones pop rock con permanente lectura social como "Hay un lugar" (acerca de los exiliados), "Chan-chan" (hip hop con riff poderoso y letra hastiada), "Ensueños" (desencantado rock de ritmo marcial), "Hablo de luz" (la canción más radiable del disco, con elegantes detalles electrónicos), "Que nos alcance" (casi un jingle de tan perfecta) y "Sin luz" (pop ingenuo con ingeniosa línea vocal).
En otro grupo podemos juntar los temas con texturas más latinas: ahí estarían "Huaynot" (un reggae altiplanesco), "Para viajar" (de notable belleza acústica y referencias autobiográficas), "Los últimos" (cálido racconto sobre viaje por la Puna), "Despacho" (percusiva demostración de conciencia social pro indígena donde aparece el primer huayno electrónico de la historia de la música argentina), "Me piacce tanto" (canzonetta cantada en un tano porteño, quizá compuesta después de la gira que hicieron por Italia en 2005) y "La casita del hornero" (simpática chacarera sobre la fauna autóctona que clausura el disco).
Hay varias cosas de esta banda que parecen increíbles: primero, que sean únicamente tres músicos los que hayan registrado este soberbio trabajo (Emanuel Yazurlo en voz, charango y trompeta; el guitarrista y cantante José Manuel Bruno, y Leonel Macaluse en batería, percusión y loops). Segundo, que siendo que el productor de su disco debut (2002) fue Gustavo todo-lo-que-toco-es-hit Santaolalla no estemos frente a una banda híperconocida. Tercero, que se las hayan ingeniado para hacer algo barrial y metafísico a la vez.
Escuchar el trabajo de La Zurda en una época atiborrada de innovaciones banales, preocupaciones narcisistas y donde el regateo tiene tanto éxito, es recordar que la formación técnica, el fluir de la imaginación y la búsqueda de la emoción ajena son las principales virtudes del arte en general. "Para viajar" tiene todos los condimentos necesarios para ser un disco emblema del 2007: acá se resumen buena parte de las tendencias vigentes y eso subraya la profunda capacidad de lectura social y absorción sonora del trío. Estamos ante una placa muy bien equilibrada que no debería quedar olvidada en un rincón esperando una reivindicación tardía. Hoy La Zurda está al dente.