El sábado, Miguel Mateos ofreció un concierto brillante en el que revisó un diverso racimo de clásicos de los ’80. Y no le importó la veda electoral. La crónica de Germán Arrascaeta.
“¡Me cago en la veda electoral! ¡Que los políticos se pongan a laburar, viejo!”.
Cerca de la una de la mañana de ayer, y tras casi tres horas de un show que había comenzado el sábado, un eufórico Miguel Mateos le comunicaba así a su público que iba a tocar un poco más y que poco le importaba que las elecciones locales estuvieran ahí.
Pero en ningún momento ese gesto sonó como una invitación a la irresponsabilidad cívica. Apenas fue otro guiño de tantos para una audiencia 35/40 de 700 personas, a las que el solista mimó entregándoles un show de alta factura sonora, que alternó sus clásicos con otros de la década del ’80.
Una mirada a los clásicos se llamó el espectáculo en el que el ex Zas tributó a la década que, para muchos entre el público dispuesto en la Sala de las Américas, fue la mejor de sus vidas. Por la sencilla razón de que en ese período tuvieron la sensibilidad a flor de piel y la música reinante satisfacía todas las demandas vitales que sus cuerpos blanqueaban por entonces.
Mateos no fue prejuicioso a la hora de la reivindicación. Para él, los ’80 son tanto el triplete de Eurythmics, Duran Duran y el David Bowie de Let’s Dance como la balada melosa Is This Love (Whitesnake) o el entrador Somebody de Bryan Adams. No hubo un eje. No hubo una atadura en el concepto. Y eso, de alguna manera, resultó compatible con el legado de este artista que nunca bregó por ser vanguardista ni nada, y que siempre hizo música atendiendo un sinfín de influencias anglo, sí, pero sin resignar argentinidad. Porque fue Mateos quien en su momento alertó que “en la Argentina hacen falta huevos” y, en otro, advirtió sobre los riesgos de cultivar las fantasías del menemismo en Los argentinitos.
El sábado no tocó ninguno de esos temas (ni Huevos, ni Los argentinitos), pero sí una balada al piano en la que revisó los últimos años de vida política y social, como siempre, entre la lucidez de un analista y la observancia de un chico de la calle.
Más homenajes de Mateos el sábado, en los que los ’80 también se tutearon con los ’70: el Génesis pre y post Peter Gabriel (a Phil Collins lo saca perfecto), Eagles, Beatles, Lennon solista, Tears For Fears, Billy Joel. Pero “las” versiones resultaron las estrictamente “ochenteras” Message In A Bottle (The Police), In Between Days (The Cure) y Careless Whisper (Wham). Las dos primeras, por cómo fueron ejecutadas. La última, por cierto condimento bizarro: Mateos invitando a bailar lentos a las maduritas del público. Eso, Miguel, ¡¡¡que vuelvan los lentos y que los políticos se pongan a laburar!!!