Los Piojos cerraron la mini gira por el sur argentino con un sólido show en Olavarría.
 foto: www.infoeme.com.ar
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En la tarde del sábado pasado el centro comercial de Olavarría invitaba a pensar en una ciudad sitiada, donde los fanáticos de Los Piojos que habían recorrido cientos de kilómetros para ver en vivo a los de El Palomar eran algo así como el ejército de una ocupación febril y efímera. De las combis descendían personas de cuarenta años para abajo que paraban en bares, kioscos o espacios verdes como las plazas y la costanera, para tomar cerveza, escuchar música y darle a Olavarría ese aire gitano que se impregna en las ciudades que reciben grandes espectáculos. Ese público, al que tanto temen los sectores conservadores de los pueblos del interior aunque genere un interesante movimiento económico para muchos comerciantes de diferentes rubros, provocó una pequeña revolución musical que dejó a todos, ocupadores y ocupados, con una mueca de satisfacción.
La tarde, pesada y húmeda como ninguna en los últimos cuatro o cinco meses, preanunciaba el advenimiento de una tormenta que no se desencadenaría hasta las 21:40, en el preciso instante en el que se apagaron las luces del gimnasio de Estudiantes y las más de cinco mil almas que no dejaron claros en el gimnasio empezaron a provocar una efervescencia desenfrenada. El imponente escenario se dividía en dos niveles, quedando la parte de abajo para los guitarristas (Miki Fernández, Tavo Kupinsky), bajista (Micky Rodríguez) y cantante (Andrés Ciro), y la de arriba para la percusión (Changuito Farías Gómez), batería (Sebastián Cardero) y teclados (Miguel de Ipola). En el fondo del nivel inferior tres pantallas mostraban imágenes entrecortadas sobre un futuro apocalíptico y el slogan El hombre perdona, Dios a veces, la naturaleza nunca (leit motiv del flamante Civilización) fue lo último que se vio antes que exploten los acordes de "Pacífico", un himno fresco, espontáneo y épico que le dio inicio a las dos horas cuarenta de un show caliente y en permanente efusión. El segundo tema, el hitazo "Desde lejos no se ve", terminó de encender a un público que a esa altura ya levantaba temperatura y fue coreado por la multitud de principio a fin. Le siguió "Taxi boy" (se lucieron el sólo de Fernández y la armónica de Ciro, quién retomó parte del estribillo de "Tan Sólo") y después el cantante agradeció, saludó a Olavarría y le dio paso al reggaecito "Civilización". Paso seguido "Chac tu chac" hizo vibrar a todo el estadio mientras en las pantallas se veía una simpática animación con fondo en negro y las cabezas de los músicos haciendo monerías. "Labios de seda" permitió bajar un poco la ebullición y tras ella llegó una intro con sonidos orientales que le dio paso a la estrepitosa "Luz de marfil".
Allí se terminó la primer segmento del show y Ciro le dejó el centro del escenario al bajista Micky, quién cantó "Fijate" mientras las pantallas detrás suyo mostraban imágenes del acceso a la ciudad, en un acertadísimo arreglo de la parte técnica encargada de los contenidos visuales. Como era previsible, continuaron con el tema del último disco que canta él, la beatlesca "Un buen día". Ciro volvió al escenario y "María y José" y "Fantasma" provocaron nuevas estampidas en el público. Antes de seguir con el recital el showman preguntó si había gustado el disco nuevo y obtuvo un rugido de aprobación unánime como respuesta; preguntó si se habían dado cuenta qué era la tapa y entonces aprobó la frase "el mundo hecho teta". La baladita "Bicho de ciudad" permitió que las chicas canten a pecho hinchado la primer estrofa del tema mientras Ciro apuntaba su micrófono hacia el vallado. Inmediatamente después un asistente colgó unos botines sobre el micrófono, un gesto rápidamente captado por la masa que empezó a gritar "Maradoooo"... y otra vez se desató una psicosis colectiva en el gimnasio.
El rock and blues tradicional con armónica en primer plano se hizo carne con el clásico "Little Red Rooster" y después volvieron a un tema de sus primeras épocas, "Pistolas", que incluyó una partecita del clásico de los Bee Gees "Staying allive" y terminó con Micky cantando cómicamente en algún idioma extraño. Y todo estalló otra vez con cuando empezaron a sonar los irresistibles acordes del hit por excelencia del grupo: "El farolito"; allí el Changuito Farías Goméz bajó hasta el centro del escenario para levantar al público con un tambor de candombe. En ese segmento tanto el tecladista como el baterista se lucieron con soberbios solos instrumentales que contagiaron a una audiencia cautivada que siguió con palmas las intervenciones.
Cuando ya se percibía la sensación de final cercano, Ciro le preguntó a la audiencia si preferían escuchar "Como Alí" o "Unbekannt" y el tema inspirado en el viaje al mundial de Alemania del cantante obtuvo una anuencia mayoritaria. Mientras unas luces cegadoras relampagueaban y las pantallas mostraban un collage con imágenes del país teutón, se produjo uno de los picos de vibración en las estructuras del gimnasio. "Morelia" volvió a levantar a la multitud, con un notable momento de ruido silencioso en el medio del tema, y después los músicos desocuparon el escenario.
Los bises incluyeron el funk bailable "Manjar", "El viejo" de Pappo, "El balneario de los doctores crotos" y cuando a Ciro le dieron la flauta de afilador empezó a sonar "Arco II". El "después de la tormenta/ todos cantando/ todos bailando" pareció un bálsamo para un público extasiado y al "ya se van/ allá se van Los Piojos" le superpusieron la clásica lectura de banderas por parte del líder del grupo. En ese cariñoso reconocimiento con características de ritual proselitista, los fieles que hicieron cientos de kilómetros para estar ahí desplegaron orgullosos sus trapos y Ciro los leyó uno por uno. También explicó que ese era el último concierto de la gira de presentación de Civilización, agradeció al equipo de producción y le puso punto final a una auténtica fiesta, memorable en todo sentido.
Los Piojos demostraron que musicalmente están varios escalones por encima que cualquier otra banda de rock barrial. La presencia del trío Cardero-De Ipola-Farías Gómez aporta muchísimos colores, generando la sensación de ser tres auténticos sesionistas al servicio del rock. Además la parte escénica del show invita a pensar que se buscan sacarle a los detalles el mayor rédito posible.
Por el repertorio presentado se puede pensar que se trató más bien de un show enfocado hacia la contundencia más que a presentar oficialmente el nuevo disco. De hecho sólo tocaron seis temas de Civilización, quedando pendientes algunas gemas como "Pollo viejo", "Buenos días Palomar" o "Cruces y flores". Los que se hayan quedado con las ganas de escucharlos en vivo bien pueden esperar a que el grupo decida revalidar su poder de convocatoria en algún gran estadio porteño (¿River en el próximo otoño?).