Andrés Calamaro edita un nuevo disco que resulta una obra maestra destinada a ser considerada una placa memorable en la historia del rock vernáculo.
Algún día iba a volver. El nuevo disco de el artista conocido como el Salmón, el Comandante Ranchito Dignidad o el Cantante (según el personaje discográfico encarnado en la última década) nos muestra a un músico que retorna a las fuentes y bien podría ser rebautizado como El Popular. ¿Pero de donde volvió Calamaro?
Los últimos diez años nos mostraron a un músico (des)preocupado por redefinir el rumbo de su trayectoria artística. Si hacemos un breve repaso, las sucesivas escenas dejan ver a un hombre incansable que:
a) se coronó como solista a fines de los noventa (después de separar a Los Rodríguez) y cosechó tanto éxito con "Alta Suciedad" (97) que llegó a la tapa de la revista Viva y a la mesa de Mirtha,
b) se peleó mediáticamente con Charly García en el último gran encono del rock argentino, lo enamoró mal una tal Monica y se convirtió en uno de los clientes más voluminosos de los punteros de zona norte (o quizá se la regalaban por ser famoso),
c) fue propulsor de una "diarrea compositiva" (Honestidad Brutal, ´98) elogiada a ambos lados del Atlántico, incluso hasta por el hermético Indio Solari,
d) se retiró de los escenarios durante seis eternos años (99) después de girar por España acompañando a Bob Dylan,
e) se abandonó en una carrera contra sí mismo y escribió más de quinientas canciones en un año para darle cátedra a sus colegas en el arte de parir temas; después editó cien de ellas en un disco colosal para la historia del rock a nivel mundial (el quíntuple El Salmón, ´00)
f) sin planificarlo, pero con mucha voluntad, se afirmó como una voz cantante en la lucha contra la despenalización del consumo de marihuana,
g) en aparente conflicto con la ideología y manejo de las discográficas colgó en Internet más de doscientas canciones, versiones y delirios grabados en su departamento, aunque se seguían editando oficialmente discos de duetos y compilados varios (´02),
h) grabó un disco de canciones populares, tangos y algunas perlitas propias en clave acústica y flamenca junto a Javier Limón y así se amigó con la industria discográfica (El cantante, ´04)
i) fue tomado como eje de inspiración para una camada de músicos argentinos que empezaron a hacer canciones cada vez más y más parecidas a las de él,
j) volvió con gloria los escenarios de la mano de los músicos de Bersuit Vergarabat y sacó un disco con las tomas de un recital ofrecido en el Luna Park (El Regreso, ´05)
k) editó un disco de tangos en la misma clave que El cantante (esta vez acompañado por Niño Josele y Juanjo Domínguez) coincidiendo con su hermano Javier, quién también publicó una placa con reversiones del género (Tinta Roja, ´06)
l) junto a Litto Nebbia & La Luz le dio forma a un disco en colaboración que se puede ver como cincuenta minutos sin estribillos ni nada que pueda ser considerado como comercial (excepto el hit "Corazón en venta"),
m) volvió a los escenarios junto a Ariel Roth para hacer giras por Argentina y España,
n) fue homenajeado, tributado y versionado por músicos consagrados de todo Latinoamérica y España, incluso por el mismísimo Solari,
o) armó una pequeña gira junto a Fito & Fitipaldis por la madre patria (´07) donde cien mil personas lo vieron en vivo a lo largo de cinco recitales,
p) solucionó su mal de amores: conoció a la actriz Julieta Cardinali, quién hace diez meses lo hizo padre de Charo Calamaro,
Como vemos cuesta mucho hablar de un regreso, ya que el concepto conlleva la idea de una ausencia. Y lo que hizo Calamaro en estos diez años fue investigar el adn del cancionero popular, testear los límites de su capacidad técnica y creativa, posicionarse como un outsider residual entre los más grandes solistas argentinos, y buscar la manera de estar en paz con lo que le vendía a las multitudes. Nunca se lo discutió: aunque El Salmón fue catalogado como un ejercicio difícil de digerir, en ningún momento dejó de ser un artista interesante para los periodistas especializados y las críticas siempre le fueron generosas. Y, quizá lo más importante, jamás dejó de recibir un innegable afecto del público.
Este es el contexto de "La Lengua Popular", obra maestra destinada a ser considerada una placa memorable en la historia del rock vernáculo. Para grabarlo recurrió a Cachorro López (viejo coequiper de la época de Los Abuelos de la Nada, y co-compositor de la mitad de la música del álbum) y un seleccionado de músicos entre los que aparecen Juanchi Bailerón (Los Pericos), el eximio bajista Guillermo Vadalá, Leo Sujatovich (piano) y otros con los que había trabajado antes (como Gringui Herrera).
Según declaraciones recientes, Calamaro pensó al disco como una colección de media docena de lados A (los primeros seis temas) con sus respectivos lados B. Al parecer el factor que determinó la posición dentro de la placa fue la cuota de "heroísmo para dar la sensación de detener al tiempo" o de "comicidad" o "ironía" de las composiciones. Tomando ese eje de análisis, el disco se dividiría en:
1) "Los chicos" & "Cada una de tus cosas": La apertura es una contundente descarga de acordes de quinta, fuertes, distorsionados, simples. En este rock crudo se cuela un "loroleo" (el primer nombre del tema, cuando fue colgado en Internet hace unos años, fue precisamente "El loro") y una letra acerca del pasaje al más allá donde se menciona al chico cuartetero (Rodrigo) y "los amigos que se fueron primero". En cambio "Cada una de tus cosas" es la oposición perfecta: rumbita sentida, romántica hasta el infinito y portadora de elaborados arreglos de cuerdas y teclados. Se trata del pico compositivo del álbum, y deja un gusto nostálgico, parecido al de "Media Verónica".
2) "Carnaval de Brasil" & "Comedor piquetero": En "Carnaval..." Andrés abre el pecho y revisa su alma para filosofar acerca de los orígenes de la inspiración artística. Durante el inolvidable estribillo toma distancia de los tiempos en los que las "mujeres ausentes", "los cuchillos en los dientes" y los "asuntos pendientes" gobernaban su animosidad compositiva. En la otra canción, una cumbia con gusto a chicle y trompetas de cancha, apunta su mirada sobre la realidad cotidiana y se asombra por la bizarra instalación de un "almorzador" para trabajadores en la zona de mayor valor inmobiliario del país (Puerto Madero). Allí Calamaro parece algo dolido de ver a Argentina convertida en una atracción turística... se ríe, pero le duele.
3) "Cinco minutos más" & "Sexy & Barrigón": El primer corte de difusión es un híbrido con claras influencias del reggeaton latino onda Julieta Venegas (sobre todo en el bajo y la batería electrónica) y entonación y guitarras de canción flamenca. Es muy probable que "Cinco minutos más" sea el próximo himno de alguna hinchada de fútbol (seguramente lo que queda de la 12). Y es impresionante ver como a esta altura tener "abierto el minibar y cerrado el corazón" ya es una frase popular. La segunda es un rock and roll tenaz que muestra el costado irónico de una persona que "aprecia el desprecio y la compasión" y se define como un "antiguo tipo de varón". Al Calamaro actual, gordito, le calza muy bien el tema.
4) "Soy tuyo" & "De orgullo y de miedo": Declaraciones amorosas destinadas a perdurar en el imaginario colectivo. La primera es una baladita acústica que contiene una cuota de magia caliente y deja ver el lado cachondo del músico, quién parece un hombre preso por las luces del amor. "De orgullo y de miedo" es una ranchera, también acústica, donde Andrés se lamenta por no haber encontrado antes el objeto de su amor. Ambas podrían haber sido firmadas por Cardinali.
5) "Mi gin tonic" & "La mitad del amor": Estamos ante lo que podría haber sido el primer corte de difusión, y la canción que en algún momento nos alegrará la mañana, la tarde y la noche desde las emisoras radiales. Después nos vamos a cansar de oírla, pero va a ser tarde: se va a quedar impregnada de tanto optimismo que contagia. En cambio "La mitad del amor" es otro ejercicio autobiográfico a través de una divertida oda al alcohol que podría musicalizar una ronda de amigos en un pub. El músico se aleja de "el viejo Andrés que no dormía jamás" y dice que se va a tomar el pelo ("con mucho hielo"), "los trenes que no van a venir" e incluso "el olivo".
6) "La espuma de las orillas" & "Mi Cobain (superjoint)": En "La espuma de las orillas" vuelven los ritmos latinos, las percusiones y la sensación de estar oyendo la segunda parte del "Tuyo siempre" versión Bersuit. La canción que cierra el disco fue compuesta durante el período fantasma de Calamaro y apareció hace unos años en Internet. No es rock, sino más bien una melodía reiterativa con letra monologuera donde se riman palabras que describen cuestiones relacionadas con la idiosincrasia de la argentinidad y se hace un análisis un poco pesimista de gen argentino.
La lengua popular rescata a un Calamaro democrático, exitoso, hábil y querible. Estamos ante un disco que marca el final circular de una década infame y brillante, dolorosa y feliz, soberbia y humilde. Pasaron diez años tumultuosos y parecería que Calamaro hizo todo lo posible para ser olvidado y recatalogado, pero fracasó: nunca dejó de ser una personalidad admirable para sus colegas y es uno de los cantautores más conocidos de Argentina. En pocas palabras, un gran disco que recrea un gran momento de un gran artista.