Los Piojos brindaron el sábado en el Hipódromo rosarino un show categórico ante una multitud.
Antes de pisar por primera vez suelo paraguayo, Los Piojos hicieron una visita casi obligada a Rosario tras tres años de vigilia piojosa.
Organizado en las adyacencias a la perfección, había que costear el Parque de la Independencia para llegar en procesión al imponente escenario del Hipódromo de la ciudad.
Una vez adentro, no dejaba de asombrar la cantidad de gente que se aprestaba para ver un concierto de los que hacía rato no se veían por la zona.
La escenografía difirió de los antiguos rituales piojosos. Una monstruosa infraestructura de hierros, dos pantallas gigantescas y un muro tecnológico de luces psicodélicas y proyecciones que hacía las veces de soporte para los teclados y las percusiones de Rogger y Chucky.
Debajo, el resto de los protagonistas, que salvo Ciro, vestían extravagantes ropas y anteojos, ante un público que vivió con intensidad cada uno de los temas, inclusive los del último disco que en algunas estrofas, balbuceados, se hacían coro en las voces piojosas.
A nivel musical la banda engranó a la perfección. La voz se apreció con total nitidez y el sonido dio la nota en un territorio al aire libre con cielo para nada amenazador de tormenta posible.
El arranque fue con "Pacífico". Un new hit de calaña piojosa por excelencia ya marca registrada. Después vinieron "Chac tu chac", "Cruel", "Pistolas", "Taxi boy", "El farolito", "Desde lejos no se ve" y "Genius" de aquellos discos que tenían al grupo de El Palomar y Villa Bosch como antipopulares.
Pero fue toda una tentación recalar en "Verde paisaje…" y entonar, "Luz de marfil", "Vine hasta aquí", "Fijate", "Ruleta" y "Morella" para dejar aún más en claro que aquel material caló hondo en los tímpanos piojeros homogeneizando al público de la banda.
De "Máquina de Sangre" solo sonó "Fantasma" y no pudo obviarse el homenaje a Pappo con "El viejo", infaltable en los últimos rituales.
Más de la mitad de "Civilización" también se agregan a la lista de ninguna manera comercial con "Manjar", "Un buen día", "Bicho de ciudad", "Cruces y flores" y "Difícil", además del corte que da nombre al octavo trabajo de Los Piojos.
En el final "El balneario de los doctores crotos" con baile y actuación estelar de Andrés Ciro para darle el broche definitivo con "Buenos días Palomar" que, reemplazando a "Finale", sirvió para tomar lista de divisas, banderas y localidades, un clásico también de los rituales.
El comentario generalizado que fue uno de los mejores recitales de la banda en Rosario no es para pasar por alto. Apostaron a una batería de temas y recorrieron su trayectoria sin descuidar la presentación del disco nuevo para ir metiéndolo de a poco en la gente.
Ojalá no vuelvan a pasar tres años para que Los Piojos regresen a la ciudad, pero deberán esforzarse mucho para mejorar la performance del 29 de septiembre de 2007.