Sesenta minutos de show le bastaron a Victoria Mil para demostrar en Mendoza que no son un producto más del under.
"Una bocanada de aire fresco para el pop-rock sensible". Así podría definirse a los Victoria Mil en el bestiario de las bandas emergentes del under porteño. Eso fue, palabras más, palabras menos, lo que entregó el cuarteto de Adrogué en las tablas de Cacano Bar de Mendoza, la noche del viernes.
Entre los casi 200 espectadores presentes, se mezclaron fans de la primera hora con los clásicos “vamos a ver qué onda”. Al final, los unos y los otros quedaron conformes a pesar de lo breve de la performance. El trío local Set Sarajevo abrió el evento, con un cuidado set de electro-pop.
Después fue el turno de Victoria Mil, que arrancó su presentación con un aire lento y relajado, como pidiendo permiso para el despegue. Así pasaron las primeras canciones hasta que el ánimo colectivo se encendió con “Bien equivocado”, un hit que llevó a la banda a las principales radios del país y a ganarse los primeros “coros modestamente masivos”.
A pesar de no estar catalogada como una banda de rock propiamente dicha, Victoria Mil demostró que lo lleva en la sangre y en la actitud. A través de toda la lista, la banda generó climas de intensa psicodelia, con guiños al funky en algunos pasajes y a la música progresiva en otros. Los compases sonaron bien ajustados, con la batería de Leo Santos y el bajo de Sebastián Velázquez soldados a la secuencia, y un prolijo trabajo de ensamble entre la guitarra de Julián Della Parlera y el sintetizador y la voz aletargada -casi hablada- de Miguel Castro. Además, el buen humor del cuarteto se conectó rápidamente con el público, que esbozó algunos pasos de baile improvisado.
Después de haber hecho un repaso de canciones de su último disco “Estoy bien bien bien”, algunos adelantos de su próxima placa “Soñando” y algunas de discos anteriores, llegó el final. “Ying-yang” marcó la despedida, exactamente sesenta minutos después de comenzado el show. De esta forma, con perfil bajo y sin bis Victoria Mil se despidió de Mendoza, dejando una semilla conceptual más que interesante. / Cristian Avanzini