$theTitle=wp_title(" - ", false); if($theTitle != "") { ?>

El cuarteto se presentó en el bodegón de Castelar, el sábado a la medianoche, en el inicio de su gira por los bares del Oeste, con su habitual sonido contundente y estrenó algunas canciones nuevas.
A medida que se acercaba la medianoche, el legendario bar comenzó a tomar color. Algunos reggaes y unos tangos aislados sonaban de fondo creando el ambiente de un show de rock, diversos tragos servían para amenizar la espera y una pelea de boxeo en la pantalla del televisor le daba ese rasgo particular que debe tener un tugurio de esta índole. En ese clima, la banda salió a escena: “Buenas noches. Es una alegría estar en este lugar sagrado y agradecemos a La Tarzan que nos haya permitido tocar acá. Brindo por La Tarzan nuestra de toda la vida, salud”, fue el saludo el histriónico cantante dando inicio a su arsenal dialéctico, y la banda ofreció una triada insuperable con “Infeliz”, “Cruel” y “Late”.
La voz principal también ofreció un momento de confesiones apelando a su humor característico: “Aquí cuando tenía 15 años, hace 5 años nada más, tome mi primera cerveza”, expresó Damián Ramil, rememorando su época de pueril bebedor. Y en el repertorio del grupo – que se completa con Nacho Rodríguez (guitarra), Fernando “Eche” Echevarria (batería) y Bruno Badaracco (bajo) – se incluyeron algunas canciones nuevas como “Fuego”, “Luz” y “Zombies”, que sonaron intercaladas con otras gemas de la discografía naranja, entre las que se destacan “Viejo jugador” y “Migre” del segundo opus («Vivrai» de 2006).
Promediando la actuación, la voz líder informó que habían reeditado su primer disco («Morirai» de 2003), y justificó la reducida cantidad de copias: “Hicimos nada más que 10 porque somos…Hippies!!!”, haciendo referencia a Peter Capusotto. Y justamente, el cuarteto cerró el show con dos clásicos de ese debut discográfico: “Fichines” y “Rascas la olla”, que constituyen la esencia rockera y distorsiva de la banda; para despedirse hasta la próxima presentación que será el sábado 4 de junio en La Junta Bar (Avenida Rivadavia 17460 – Morón).
En su segundo show con esta nueva formación, Naranjos demostró que el alejamiento del guitarrista Japi Vagnozzi no alteró la calidad del grupo que sigue sonando tan arrollador como ajustadamente, y además dejó en claro que la liturgia del rock se puede disfrutar en cualquier parte y sin necesidad de recurrir a las bengalas o cualquier tipo de pirotecnia, pese a que algunos imbéciles aún sigan pensando lo contrario. El Arabe, conciente de esta actualidad del rock argentino, había advertido antes de dar inicio a la presentación: “Les pedimos a todos que nos tratemos con cuidado y que éste sea un espacio de magia para que se pueda repetir”. Afortunadamente, la persuasión surtió efecto.
Este blog es editado por Julián Gonnella, con toda la actualidad sobre el rock en el oeste del Gran Buenos Aires.
Deja un comentario.