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El jam de piano que Lito Vitale toca sobre el final de Gulp! (luego de Criminal mambo, último track) es una particularidad a la que pocos le han dado trascendencia…
Para comprender la relevancia del hecho, iremos entrelazando la curiosa anécdota a partir de la palabra de los protagonistas. Es una historia que comienza en el invierno de 1984 y finaliza con la edición del disco en 1985:
Poli: “En aquella época viajamos a Azul, por el encuentro de la revista La Esponja. Llegamos de noche y nos metimos en una chacra, con varios autos. Copamos la casa. Estaban todos los miembros de la primera época de Patricio Rey: el hermano de Skay (Guillermo), José María Aguirre, Pato Ataúd, Fenton, Mufercho, las hermanas Schwartz, éramos alrededor de 30 personas. El dueño de casa, un tipo excepcional, tenía un piano. Y a la madrugada, él entraba y tocaba una melodía, que es la que se escucha al final del disco. Es un tema famoso, una canción antiquísima que cantaba Estela Raval, La hora del crepúsculo.”
No sé si será por esas casualidades de la vida ó qué, pero el día que tenía listo el posteo, me vengo a enterar de un espectáculo de Estela Raval… Sí, cuando viajaba en el 109, veo un afiche sobre la calle Carranza que anunciaba la vuelta al ruedo de la cantante con sus históricos 5 Latinos el viernes 12 y el sábado 13 de Septiembre en el Luna Park.
¡Retomemos!: Marcos Meller fue el que los invitó a pasar la noche en el casco la estancia El Recreo (a diez kilómetros del centro de Azul). Él decía que le dieron la sensación de ser tipos supereducados. “Se levantaron y enseguida se hicieron la cama. Poli tenía un lugar de liderazgo y todos parecían ser más o menos tímidos, sobre todo Willy Crook. Me acuerdo que a cada rato el Indio le hacía tocar algo en el piano a Skay y le decía que esa música le gustaba mucho. Me quedó la imagen de que eran personas muy meticulosas”.
Y en Cerdos y Peces Enrique Symns escribía: “Recuerdo ese casco majestuoso de la casa y el pianito que alguien tocó durante todo el transcurso de ese pandemonium (ese pianito grabado al final de Gulp! y que nos recuerda para siempre esa noche inolvidable).”
Pasa el recital de Azul, el clan redondo vuelve a Buenos Aires y en Noviembre del ´84 se sumerge en los estudios Tubal de Villa Adelina para registrar su primer LP. Jorge Pistocchi (Expreso Imaginario, Pan Caliente, etc.) era el punto de contacto entre las partes, y como tenía conocimiento del principio de independencia redondo, les había recomendado acudir al búnker de la familia Vitale. Además, Lito explicaba “Nosotros les prestamos el sello Wormo, paralelo a Ciclo 3, que utilizábamos para cederles a amigos que no tenían sello y querían grabar”.
El fernet y los sándwiches de chorizo colorado y queso de rallar amenizaron las sesiones. El joven Lito auspició de ingeniero de grabación, y cuando se lo necesitó para alguna intervención instrumental, no tuvo inconvenientes en dar una mano.
Skay: “Lito Vitale era muy pibe y sabía grabar. Entrar en su estudio fue una experiencia maravillosa. Con esa cantidad de elementos, la grabación fue muy rápida, creo que duró una semana. Por un lado, fue bastante caótica porque todo el mundo quería poner su impronta en el disco, entonces hubo que ponerse de acuerdo en cuál era la toma que iba. También cantó en un tema mi hermano (Pierre, el vitricida y no sé si estuvo en Te voy a atornillar). Lito tuvo intervenciones fantásticas en teclados.”
Tito Fargo D´aviero: “Empezaba a las 18 y le pegábamos hasta las 12 o 1 de la madrugada. La banda estaba muy acostumbrada a tocar sin el Indio, entonces se hizo más fácil. En esa época tocábamos mucho y la banda estaba aceitada. No tiene un gran sonido, pero tiene una gran espontaneidad. Lito tenía una gran capacidad para grabar, mezclar y aportar algún arreglo.”
Willy Crook: “Fue concreto, contundente, claro y artístico, y en eso influyó definitivamente el señor Lito Vitale, que hizo que las cosas volaran, lo cual es, a mi entender, el concepto de producir un disco.”
Piojo Ábalos: “Hay una anécdota muy linda: al terminar de grabar todos los temas, el Indio empezó a silbar una melodía. Lito buscó un piano, la tocó, me pidió los palillos e hizo una especie de zapateo americano sobre la consola. Ese es el temita que se escucha en el final”.
Los dichos no tienen desperdicio, aún habiendo leído anécdotas un poco distorsionadas por parte de los artífices. Pero… la historia se termina de cerrar en la cabeza de cada uno de nosotros, al momento de escuchar la amigable melodía.
Fuentes de inspiración: el posteo no hubiese sido posible sin los trabajos de Diego Mazzei y Daniel Amiano para La Nación y nuestro querido Matias Peluffo para Rock.com.ar. Un agradecimiento a ellos.
redondos.rock.com.ar es editado por Guido Podestá, periodista especializado sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, coleccionista y colaborador de rock.com.ar.
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