Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado presentaron Porco Rex ante una multitud de fanáticos que convulsionó San Luís. El frontman más controversial de nuestro rock mostró una vitalidad asombrosa, agradeció el baño de cariño que recibió y dispuso de 27 temas para hacer rockear al hermoso estadio Juan Gilberto Funes.

Exactamente a las 21.20 hs., y al grito de “no! no!… ciego en la bruma, bellamente sangra su nariz”, Indio Solari hacía delirar al reducto puntano. A nadie le importó que “Pedía siempre temas en la radio” se escuchara realmente muy mal. ¿El motivo? una terrible tormenta de viento que desviaba la trayectoria del sonido. Como suele suceder en la primera canción, el grito ensordecedor del público tapa la canción. Así, la euforia ricotera ayudó a disimular los efectos de las ráfagas de viento sudeste de alrededor de 35 kilómetros por hora. Desde el mangrullo reaccionaron a tiempo y lograron acomodar el audio muy rápido, para el segundo tema: “Ramas desnudas”. Le siguió “Martinis y Tafiroles”, que volvió a cerrar la tríada inicial del repertorio utilizado en Jesús María y Tandil. Pero era una buena ocasión para volver unos años atrás… en “Cruz Diablo!” pudimos apreciar los primeros movimientos del cantante: su habitual giro de brazos abiertos, una marca registrada de Solari. Estaba claro que ya había entrado en calor y olvidaba lo estático de sus casi 60 pirulos. Habrá sido por eso que necesitó atarse los cordones de sus zapatillas más de una vez. El viento se había calmado y con “Fusilados por la cruz roja”, Indio relataba las implicancias de esta vieja cultura frita. “Vengo de decadrón en decadrón” aclaraba previo al primer momento alto de la noche: “Rock para el Negro Atila”, que subió la temperatura de las casi cuarenta mil personas presentes. Mientras el viento volvía a ser fortísimo, el impasse tranquilo y cálido de “Y mientras tanto el sol se muere” apaciguaba los ánimos. Habría lugar también para esbozar el primer desacuerdo con los chicos que tiraban proyectiles al escenario (”no jodan más con las zapatillas, me cortan el mambo” protestaba). Turno de “Porco Rex” (acompañado de un agitador “!dale! ¡dale! ¡dale!” de las huestes ricoteras) y “Bebamos de las copas más lindas”. Y llegaría el segundo momento alto del show, el más rockero: un popurrí que incluyó “Nadie es perfecto” y “Ñam fri frufi fali fru”, para volver a deleitarse con sus giros característicos.

Un intervalo de diez minutos (en el que se suplicó precaución con el fuego, debido al clima seco: “ganemos una plaza”) y la vuelta al escenario con “Pabellón séptimo (relato de Horacio)”, la potentísima “Sopa de lágrimas (para el pibe Delete)” y “Te estás quedando sin balas de plata” con un cierre espectacular de Baltasar Comotto. “Ella debe estar tan linda” nos trasladaba a las épocas del Baión, algunos agradecimientos por el aguante de las tribus y la dedicatoria a ellas: “Ángel de la soledad”. Le siguió “Tatuaje”, un “movemos el culo, como siempre” con “Divina TV Fuhrer” y “To beef or not to beef”. El show marchaba bien, sin fisuras. Por eso Indio expresaba su buen humor, hacía chistes (”me voy a peinar como emo”) y se reía junto a Los Fundamentalistas. “Bueno… vamos a hacer el pasito nuevo. Yo lo quiero imponer pero nadie me da pelota” en alusión a “Por qué será que no me quiere Dios”, con un final excelentemente coordinado entre las guitarras y los instrumentos de viento.

Le siguió “Vuelo a Sidney” también de Porco Rex y un nuevo ínterin de no más de cinco minutos, en el que las hordas ricoteras agitaban con sus cánticos y trapos. “El tesoro de los inocentes”, y los rockitos tradicionales de “Un poco de amor francés” y “Mariposa Pontiac (rock del país)”. Las bengalas comenzaban a tomar protagonismo para abrir “Juguetes perdidos”, el ritual ricotero por excelencia. Fue un instante que se salió del tiempo/espacio. Las emociones y las lágrimas de varios seguidores contagiaron al líder escénico, al punto tal de tener que interrumpir el canto de las últimas estrofas (la gente coreó y continuó con el trance de la canción). Indio hacía gestos y poses de agradecimiento a un estadio convertido en un festival de luces de colores. Punto y aparte, arribaba el tema karaoke de Porco Rex: “Flight 956″ y se acercaba el desenlace… Como viene pasando últimamente, las pantallas anunciaron los recitales confirmados del 20 y 21 de diciembre en el Estadio único de La Plata (con posibilidades de extenderse a 27 y 28). Los shows platenses (con la presencia de AC) se vislumbran como los últimos de la Gira Porco Rex, ya que Indio pretende tomarse un año para grabar un disco nuevo. Ahora sí, habían pasado 2 horas de show, las luces del estadio se prendían y el final desataba el pogo más grande del mundo: “Jijiji”, una joyita.

Salvo algunos cambios, la columna vertebral del recital repitió los repertorios de Jesús María y Tandil. A lo largo de 12 temas de autoría redonda (prácticamente iguales a las originales) y 15 pertenecientes a su etapa solista, el legendario cantante confirmó que tiene espalda de sobra para bancarse un show de alto vuelo. Y Los Fundamentalistas del A/A reivindican una soberbia capacidad musical, casi abrumadora. No hay dudas de que la elevada cantidad de horas de ensayo da como resultado una regularidad envidiable (no se equivocaron nunca). Pero la figura e impronta de su líder opaca todo lo que esté a su alrededor.

El resultado general fue muy bueno, la banda y su jefe volvieron a estar a la altura que requería el espectáculo. Sólo el viento y las fallas iniciales de sonido amagaron con alterar el desempeño musical. Pero… el show fue sólido, muy rockero y en paz.

San Luís vivió algo muy grosso. Allí no hubo especulaciones, fue un negocio del corazón. La grey ricotera, de pies a él (y eso que es sólo un rock & roll del país).

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