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Anticipó canciones que formarán parte de su inminente cuarto álbum, repasó lo más destacado de su viaje solista y, por supuesto, exhibió joyitas de ascendencia redonda. Una vez más, Skay Beilinson y Los Seguidores de la Diosa Kali entregaron un espectáculo notable.
“Cuerpos, millones de cuerpos” canta Skay en “Territorio Caníbal”, y luego agrega “tal vez yo sea uno más”. Dos mil son las personas que curiosean atentamente el estreno absoluto de la noche. Se trata de una melodía plomiza, de atmósfera confusa y un estribillo intenso como el veneno. El día anterior, “La Rueda de las Vanidades” había sido la otra novedad. Además, volvió a sonar el inédito “Hippie Jay Hou”. El resto del concierto fue una selección aleatoria de temas de sus discos en solitario: A Través del Mar de los Sargazos (2002), Talismán (2004) y La Marca de Caín (2007).
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El nuevo Skay, despreocupado y sin lentes, exige su garganta, tararea versos, juega con los ecos y le añade reverb a su voz. Su banda (Oscar Reyna en guitarra, Claudio Quartero en bajo, Javier Lecumberry en teclados, y Mauricio Espíndola en batería), le da sustento al plan. Entrega un sonido limpio, recontra ensayado, abrumador. Apoya con los coros, y se complementa con riffs y solos. La imagen de Reyna con la lengua afuera, hecho migas, al finalizar “Los Caminos del Viento” es el mejor ejemplo de la fibra que aportan los adoradores de Kali.
El público comparte encendedores, cigarros y cerveza (y claro, el mismo sentimiento). Decenas de fanáticos deliran con el pogo ricotero y se codean por alcanzar la valla. Unos eligen revolear su remera, gastada, como trofeo de antiguas misas. Otros intentan registrar con fotos y videos los momentos más valiosos, material que mañana será generosamente difundido en foros y páginas afines. Y por ahí se distingue la cabecita brillante de Luís (Pelado para los amigos), eterno peregrino, el más peregrino de todos, que disfruta de este show como si fuera el definitivo. Todos sabemos que en el próximo la historia se repetirá: sea donde sea, él dirá presente para seguir haciendo el aguante.
“Una que sepamos todos” es el disparador para “Jijiji”, vital. Los adeptos, fieles y respetuosos, rinden un homenaje pasional. Y desde el escenario, Skay, memorión, evoca esa música cuyo montaje final es muy curioso, realmente entretenido. Desde el más allá… Patricio Rey ríe siniestro y se frota las manos, su mística se mantiene imperturbable.
Si estuviste presente en El Teatro, rememorá las casi dos horas de show con esta completa galería de fotos. Caso contrario, mirá lo que te perdiste.
Repertorio (21/11/2009):
redondos.rock.com.ar es editado por Guido Podestá, periodista especializado sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, coleccionista y colaborador de rock.com.ar.
Roy Mustang
November 24th, 2009 el 8:46 pm
(primero en comentar jejeje)
aguante el Flaco… estoy esperando ansioso su nuevo trabajo… lo iría a ver a Cosquín, sin pensar en las otras bandas que lo acompañan jejeje