No hay muchas chances del ver al rock como contracultura, como vía de escape al sistema, paradójicamente dentro de un mismo sistema. Esas contradicciones se plantean precisamente cuando frente al público, Farolitos, comienza a entablar un discurso prole, lumpen y revolucionario de los que ya no hay casi rastros en la actualidad.

Todo a través de la música en otra movida que el sábado convocó a varias bandas. Jazz callejero, murgas barriales, artesanías y ONG’s, todo en un mismo predio, la emblemática plaza La República en Rosario, que albergó una vez más un humildísimo acto de resistencia. Previa con la Rolocan’ Roll y Misterioso Papá Gioso, más la incursión de un trovador del barrio que rasgaba la guitarra, entonando desde himnos revolucionarios hasta algunos esbozos de Pappo. Todo retrotraía a los 70’. Aroma, poca preocupación por la vestimenta, familias jóvenes y un espectro de pibes de clase media que se copan con la movida. Es decir el barrio en la plaza… la plaza del pueblo.

Tal es así que en el medio de un set, los pibes de la murga del barrio La República comenzaron a desandar sus instrumentos afroamericanos para opacar a los que estaban arriba del escenario como “copando la parada”, marcando un territorio que es de ellos. Por suerte todo finalizó de la mejor manera. Todos tocando juntos en una zappada digna de peatonal veraniega.

Pero faltaba poco para Farolitos. Los pibes se iban colgando de la fachada de la vieja estación de trenes para plasmar sus trapos. Mate, faso y merienda en tetra para sin tanto preludio de rockstars, los acordes de “Caballos de batalla” iniciaran el fuego que fue literal porque algunos estruendos deambularon por la plaza. Luego del inicio, Marcos Migoni (voz), anunció el festejo de los siete años faroleros, y precisamente dedicaron “Un farolito” a Nachito, un pequeño que murió hace algunos meses, que enloquecía con las canciones de la banda de la zona oeste rosarina. “Seres” un impecable tema nuevo, aprovechó para vomitar la furia antiimperialista y tocar otro inédito, aún, “La hormiga y la verdad” endilgado a Pocho Lepratti, el docente asesinado a aquel cruento 19/20 de diciembre.

Tampoco se salvó Carlos Menem de alguna que otra puteada. Hasta allí toda polenta y puños arriba. Otro inédito: “Compañero” siguió girando, todavía pidiendo disco. Polvo, ojotas y zapatillas que volaban, lágrimas, frases que identifican a los pibes. “Desvelados” fue de lo poco “tranqui” que pudo apreciarse antes de “Indio” y “Vengar la libertad” donde se desató el pogo más violento de la tarde. Desde el escenario hablaron de la gestación de un documental de la banda y ensamblaron, como dos polos diametralmente opuestos, en lo que a éxito concierne, “Argentino”, donde se desplegó una gran bandera albiceleste, y “La fiesta” en la que Migoni no escatimó esfuerzos y completó una performance llena de derroche hasta bajando y compartiendo mic con el público. El resto: Leo Vega, Martín Jaúregui (violas), Edu Dezorzi (bajo), y Ariel Ciccaleni (bata) siempre cimentando el complemento que hace de Farolitos una de las bandas con ideales extremadamente claros y un sonido envidiable para el resto de las producciones locales. Qué más decir… felicitaciones. Tocar gratis en épocas del rock sponsorizado y oficialista no debe ser nada fácil y estos pibes lo hacen… Y cómo lo hacen.