El flyer, que empapeló las calles de Rosario, incitaba a construir la identidad de los barrios. Farolitos, austeros, lejos del merchandising carroñero, organizaron un evento impecable, repleto de pibes con esperanzas de cambio, en el Club Federal, de la zona oeste.

Sábado 3 de octubre. Hacía tiempo que no se los veía haciendo ruido. Días previos, organizaron una conferencia de prensa, o una “rondita”, como ellos mismos la catalogaron, con su habitual humildad, en la gacetilla que invitaba, porque decidieron volver. Es duro, están en el under, piensan distinto, se mofan de la fama y se la pasan laburando en causas sumamente nobles.

Pero hacen música, primordialmente, y el sábado demostraron que conservan, luego del parate, esa frescura juvenil y contracultural que suele ser emocionante. Con “Caballos de batalla”, la furia empezó a desatarse. Le siguieron “América Unida” y “Desvelados”, y el inédito “Compañero” que viene sonando hace rato en los shows, un clásico ya de Farolitos.

Hubo un cambio de look. Marcos Migoni, abandonó, por un rato, los shorts de fútbol y lució una cabellera que lo hizo irreconocible en el primer flash. Edu (Dezorzi, bajo) hizo lo propio con la cap guerrillera, y Martín (Jaúregui, viola) se despojó de las clinas…

La noche tuvo invitados, Oso de Perro e’ Sulky, en el cover de Serrat, “La fiesta”, Lisandro Hedín (que cumplía años), de Sikarios, para la batería en “Escasas horas” y Ezequiel “Choza” Salanitro (también de Sikarios), tocó la pandereta y colaboró con la voz en “No lo sabe”.

Además de la versión de “El imbécil”, de Gieco, y de “La oración del remanso”, de Jorge Fandermole, “Quinto elemento “, contó con unos interesantes arreglos de flauta dulce, y en homenaje a la comunidad toba, “La cruz” hizo justicia sonora.

Algunos temas viene haciéndose un lugarcito, la dedicada a Pocho Lepratti, “La hormiga y la verdad”, y otra que reinvidica a Diego Maradona, seguramente presentes en el nuevo disco de Farolitos, del que no se sabe nada aún.

La autorreferencial, “Un farolito”, anticipó el medio tiempo del recital. Una murga hizo de las suyas en el escenario. La cosa iba tornándose cada vez más pagana y emotiva. Farolitos, regresó a las tablas, y al escenario, esa misma noche también con la balada “Espero” e “Indio”, dedicada a Nachito, un níño que falleció y bailaba con la guitarra contagiosa de esa canción.

Para el final una dupla arrasadora. “Vengar la libertad” y “Argentino”. “Argentino a morir…”. De eso se trata. De incentivar a los pibes a pensar que todo puede cambiar. A tener ese sueño utópico o posible de que todo podría ser diferente, en los barrios, esquivando la curva de la droga, la delincuencia, la pobreza o la marginalidad.

Mirá mucho mas en: http://www.youtube.com/watch?v=MWacp6LzBV8