$theTitle=wp_title(" - ", false); if($theTitle != "") { ?>

El jueves 23/04 el Café de la Flor pintaba demasiado intelectual para ver un concierto de rock. Sin embargo, invitados por un programa de rock local, la gente de Patagonia Revelde, asistió al bolichito de calle Mendoza para desandar sus características de pichón de aplanadora, entre las mesas del barcito rosarino.
No era hora de infusión colombiana pero si de algunas rubias cervezales, que funcionaban de previa a la par de Leva, la banda soporte que dejaba tibio el escenario para lo que iba a venir después. En un ambiente íntimo, el grupete de Ariel y Fran, post zapada, acompañaban la distorsión de la viola con “Qué pasó” y los acordes frenkelianos de “Del interior”, para seguir aportándole fuerza a la noche en la cuasi-punk “Otra vez”, una especie de cover de Los Pericos.
El golpeteo del bajo despachó ahí nomás “La chacarera de los cabecitas negras” y el charango colaboró con “Para bien o para mal”. La bisagra tuvo su justificación en las hermosísimas baladas “1000 kilómetros” y “Sentencia” para revivir los tintes autóctonos folclóricos más luego con “Y verás”.
Como en su nombre se indica (Patagonia Revelde, así con “v”), lo contestatario sudaca vino de la mano en “Caracas” y el cover “El embudo”. Ese proyecto de aplanadora pudo apreciarse en el bajo destructor de “Como en casa” que fue la previa del hitazo “Mi corazón”, donde el Pelado (voz) improvisó una argenta llamada telefónica, hablando de parrilladas y demases. Para el final quedaron la poderosa “La peor de la suertes” y el cierre definitivo en manos de “Cuando viene” con solo incluido de todos para que casi allá por las tres de la matina la cosa tenga un descenlace completo.
El lugar no encajó con el concepto poderoso de Patagonia pero sirvió para observarlos tal un teatro, con una propuesta de obra nostálgica y protestante en este duro transitar del under rosarino, que encuentra en Patagonia Revelde a unos de sus máximos referentes.
Este blog es editado por rock.com.ar desde la cuna del rock argentino.
Deja un comentario.