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¿Hay posibles explicaciones de por qué Soda Stereo no sólo llegó muy alto en los 80 sino también se mantuvo vigente en la memoria popular más que todos sus contemporáneos?
Hoy todos, incluso los personajes mediáticos más impensables, hablan de Soda Stereo y remarcan qué gran retorno está teniendo.
Pero mucho no se repara -signo de estos tiempos, no- en por qué la banda dijo adiós hace diez años, pudo volver cuando se lo propuso y volvió con tanto suceso.
¿Es posible rastrear explicaciones? Es posible rastrear todo.
Vamos a por ello.
Soda Stereo apareció en el momento justo y con un puñado de buenas canciones, algo que ciertamente pocos tuvieron.
Esta primera afirmación esconde -o mejor dicho encierra- dos claves insoslayables.
Lo del momento justo es clarísimo: la propuesta del grupo sintonizó con el tiempo del rock mundial -eclosión del post punk, bienllamado en aquel momento new wave- y con el tiempo político y social de la Argentina: el preciso instante en que caía la dictadura y se anunciaba el tiempo de optimismo que se conoció como primavera democrática.
Soda Stereo fue new wave de punta a punta porque proponía canciones rítmicas, muy pop, cortas y desenfadadas. Ni cercanas al rock sinfónico y elaborado que aquí tenía una versión suprema (muy argentina) con Seru Giran -de hecho, los dos grupos no llegaron a convivir; Seru se disolvió cuando Soda estaba por dar su primer paso- ni brutal como el primer punk local, representado aquí solo por Los Violadores, sino en un interesante punto medio. Como The Police en el Primer Mundo del rock.
Y de la misma forma que el trío de Sting-Summers-Copeland, Soda asomó siendo pura energía, frescura y sencillez, y terminó demostrando que tenía mucho resto, como para terminar estando a la altura de las grandes bandas de todos los tiempos, y sin cambiar la esencia.
La otra clave explica por qué el grupo sobrevivió a esa locura beatle alla latinoamericana que se dio en llamar, no caprichosamente, sodamanía: en el momento en que las hormonas adolescentes de buena parte de la América hispanoparlante explotaban con Signos y Doble vida, la banda aprovechó y desplegó su arsenal completo, que era formidable.
Porque además de los hits que pasaba la radio tenía otros temas tan buenos, seductores, contundentes y recordables como los favorecidos por la difusión.
Esto que parece una obviedad (el-grupos-triunfa-porque-tiene-muchas-canciones-buenas) se dio en Soda y no en otros números de la época. No hace falta mencionarlos.
Volviendo al primer punto, lo del sentido de la oportunidad para entender el momento de la aparición, los Soda supieron aprovechar -y dejarse aprovechar por- la televisión, el medio más determinante, en las tres últimas décadas, para mostrar y vender música, entre muchas otras cosas.
Casi se podría decir que aquí Soda inventó MTV, si se permitieran metáforas en análisis de este tipo.
Ellos se dieron cuenta antes que muchos que podía ser importante el videoclip, y así grabaron casi por las suyas los primeros videos -Vitaminas es puro entusiasmo e inocencia, casi como Walking On The Moon de The Police-, mientras algunos cráneos del sello que hoy se jacta por haberlos descubierto y grabado en buena parte de su carrera los miraban con cara rara y hacían comentarios risueños en voz baja.
Una posible tercera clave es que que los tres -Gustavo Cerati sobre todo, pero no es justo dejar afuera de la consideración a Zeta y Charly Alberti- supieron -o pudieron- mantener la cabeza por encima de los hombros sin que les explotara por la locura del éxito, y se rodearon de gente que no los esquilmara y les permitiera crecer.
Y hay una cuarta. La historia no visible de Soda Stereo, aún no contada oficialmente, describe escasos zigzagueos. La banda fue una empresa en sí misma -empresa con objetivos clarísimos- y pasó por unas pocas empresas de representación -Rodríguez Ares en el primerísimo paso, luego Ohanian Producciones durante años y finalmente la propia oficina, comandada por el padre de Gustavo-, lo cual habla de una sorprendente prolijidad.
Igual con los sellos. Siempre CBS y recién sobre el final, BMG (dos destinos que el destino terminó unificando en la fusión de los gigantes para ser, hoy, SonyBMG).
Y finalmente, está la clave beatle. Lo del avance que también podría llamarse continua reinvención. Aquello que en un momento del rock se llamó actitud progresiva.
Soda progresó disco a disco. Exactamente igual que The Police, que dejó testimonio clarísimo de su crecimiento en cada uno de sus trabajos. Veamos, si no, cuánta distancia hay entre Outlados D’Amour y Sinchronicity.
La suma de todos estos elementos puede explicar, en alguna medida, por qué Soda Stereo está volviendo a la escena con tanto suceso.
Su música no se puso vieja. En todo caso, se añejó como un buen vino.
Tanta mediocridad en la música de hoy -en la Argentina y en el exterior son escasos los grupos y solistas que pueden soñar con conservar una vigencia a través de los años como lo pudo hacer Soda- colaboró, es evidente.
Pero para qué depreciar, por pobrezas ajenas, las virtudes de una obra verdaderamente monumental. Como el estadio donde anoche volvió y arrasó.
Cuánta furia, Soda Stereo. Se celebra.
Este blog está dedicado a Soda Stereo y es editado por Vanesa Spaccavento, colaboradora de Rock.com.ar.
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