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Ezequiel Borra

Ese qué se yo

Calles del sin sentido se abren camino entre mariposas
Callecita brotada de mil recuerdos negros y rosas
Calles tapando yuyos como el murmullo de la memoria
Calles tan recurrentes que se acurrucan sobre su historia

Calles de mil bocinas, carrocerías y altoparlantes
Calles de lo que ansío, de lo que fue y de lo que soñaste
Calles como testigos de tus promesas en el espejo
Calles de los suspiros las propagandas y los reflejos

Calles con las baldosas todas quebradas por las raíces
Calles de las hormigas, los pajaritos y las lombrices
Calles que caminaba cuando era chico el que ahora es más grande
Calles donde flotaba sin apurarme ahora que es tan tarde

Calles con horas pico, con nombres propios y policías
Calles donde se choca la realidad con la fantasía
Calles con el hastío del sin sentido de una verdad
Calles donde se choca la fantasía y la realidad

Valles de la conciencia donde se pierde lo que se aferra
Talles de los vestidos donde la muerte ya hizo reservas
Ratas entre los cables de los faroles y en las cornisas
Lunas que aturden puentes, se comen flores con sus espinas

Semáforos trabados en amarilla indecisión
Bicicletas atadas con las cadenas de la razón
Gatos, perros, tortugas, canarios, todos en la prisión
Corriendo por palieres entre paredes sin corazón.

Fotos de los censores que no te dejan velocidad
Charcos del pavimento que te acercás y no son verdad
Chorros, pacos, ministros, trabajan todos con devoción
Para que se mantenga el turismo pleno de diversión

Y toda la gente tira su papelón por la ventanilla
Nadie le importa nada hasta que se tapa la alcantarilla
Enredaderas trepan para escaparse de la ciudad
Acogotando troncos donde la savia pide piedad.

Y siguen armando monstruos cambiando el cielo por el cemento
Todos hipnotizados con la ilusión de último momento
Bailando por un sueldo, comprando diarios para taparse
Yendo al laburo en tren rezando para no descarrilarse

Y mientras tanto pasa el glamour chorreante por la vereda
Marcando la tendencia como un caballo con anteojera
Y en cada tallo corre la vida con la misma premura
Sangre verde que va iluminando todas las nervaduras

Y así bombea el alma que sin el cuerpo sería un fantasma
Pero el cuerpo sin alma es como un cadáver pidiendo calma