Share

Kereda Veruza

Amén

Habiendo tantas formas de decir adiós
elegiste la absurda: el frío silencio.
En esa vieja iglesia todo terminó
(sus ganas y su llanto no eran cotillón).

Volverá una medianoche, mendigando algo de amor.

En cada esquina espera por su amor
con su locura a cuestas, haga frío o calor.

Silbarle a tu alma, de mucho no sirvió.
Quebrada está la calma, no hay rastros de un perdón.

Ya no hay manera de borrarle tal dolor
y sin embargo vive firme en su ilusión.

Volverá una medianoche y preguntará por vos.

Silbarle a tu alma, de mucho no sirvió.
Quebrada está la calma, no hay rastros de un perdón.

¡No! ¡No!