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Iorio / Cianciarulo

De Mandinga y remolinos

Los desiertos cruzaba,
con rumbo al río Negro.
Neuquén, y más allá,
de Comodoro y de Gallegos.
Cuando trajo malambo,
en remolino, el viento.
Sangre hecha polvo
por el tiempo.
A la cual dí estos trazos,
con pretensión de versos,
que a la guitarra yo entregué.
Mandinga
muy bien sabe,
me amparo en sus recuerdos.
Juzgando responsables
del ultraje y del degüello.
Al Remington y al sable,
a la oficial historia,
y a quien decreta la memoria.
A esas legiones agrias,
de cruces y de hogueras,
nombrando a un Cristo de Israel.