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Rescate: el entusiasmo de Charly con La Máquina de Hacer Pájaros

Poco antes de abandonar La Máquina de Hacer Pájaros, García se mostraba muy compenetrado con el proyecto grupal, con el crecimiento musical y con su rol dentro del quinteto. Por eso, sorprendió tanto su decisión de irse.

Rescate de una entrevista publicada en la Revista Pelo Nº89, septiembre de 1977.

Charly García: "Soy como Zappa"

Las fantasías de García se entroncan con a realidad y surge una mezcla irreverente de realidad y espejismos. A través de sus composiciones, el público advirtió los diferentes caminos expresivos que propone Charly García. Desde ellos fue conformándose una imagen en torno al músico que aún permanece sin develar en su totalidad.

Desde esta nota, García permite un acceso a sus fibras compositivas y personales; en muchos casos, mediante conceptos que no había expuesto en entrevistas anteriores. No obstante, las primeras preguntas del reportaje se dirigen concretamente hacia su agrupación, una de las más importantes del momento.

¿Cómo definirías la actual propuesta de La Máquina?

La Máquina surgió por una especie de necesidad mía —la de querer tener un grupo para tocar en vivo—, porque tenía un montón de canciones compuestas. Desgraciadamente, en este país no hay demasiados buenos músicos profesionales como para que exista la posibilidad de trabajar con ellos; es necesario armar un grupo, o recurrir a gente amiga para poder hacer lo que uno tiene preparado. La primera propuesta de La Máquina fue hacer una música arreglada, que sonara igual en los discos que en vivo, cosa que en Sui Generis no se daba; Sui Generis tenía un sonido determinado en discos y otro en vivo. Quizás la propuesta de La Máquina sea mucho más definida ahora que al principio. Nuestra propuesta actual es hacer una música que exprese a todos los integrantes de La Máquina por igual, que tenga densidad, que sea seria, que sea honesta y que tire buena onda. Esto último lo puedo explicar como que le dé a la gente la posibilidad de participar y, sí se quiere, de elevarse, pero no de una forma cultural. Se trata de elevar el alma, una música que sea linda pero no muy intelectual, una música popular.

¿En qué grado responden tus actuales expectativas a las que te llevaron a plantearte la disolución de Sui Generis?

Mucha gente piensa que las causas de la separación de Sui Generis no fueron suficientemente claras; yo las aclaro cada vez que tengo oportunidad. Sui Generis llegó a un momento de nulidad creativa, llegamos a un punto en que estábamos cantando con la seguridad de que no saldría nada más que eso, que ése sería el último paso. Entonces me di cuenta de que quería preocuparme más por la forma, ya no tanto por la alegría que tenía Sui Generis, las letras o la melodía; yo quería que surgiera un nuevo grupo que realmente sonara bien. La Máquina cubre todas mis expectativas, aunque todavía me quedan algunas en cuanto a la parte vocal, por ejemplo. Creo que individualmente estoy cantando mucho mejor que antes; en la gira que hicimos hace poco me preocupé por cantar bien, cosa que nunca había hecho.

Dijiste que Sui Generis había llegado a una nulidad creativa, pero lo creativo, lo compositivo, surgía de vos. De ahí se desprende que la separación de Sui Generis empezó y terminó en vos...

Lo que pasa es que para la música que quería hacer se necesitaba ensayar mucho con el grupo; era necesario que cada miembro estuviera compenetrado con lo que yo quería hacer, pero no encontraba eco. De alguna manera, yo tampoco estaba en un buen momento para componer; estábamos todos imbuidos de un desgaste que no era beneficioso para ninguno. Yo tenía inmente hacer cosas, arreglar y todo, pero en la práctica no se daba; con La Máquina todo se dio desde el vamos. Cuando empecé a ensayar con José Luis y Moro me encontré con personas muy capaces, muy asimilativas, muy creativas y con muchas ganas de trabajar.

¿Por qué creés que gran parte del público califica a la música de La Máquina como indefinida?

Bueno, el primer long play nuestro es indefinido estilísticamente. Cuando me fui de Sui Generis pasé seis o siete meses componiendo, pero sin ninguna limitación, ni ningún estilo, porque ya no tenía ningún grupo.

¿Antes tenías limitaciones?

Yo siempre compongo para el grupo, pero nunca lo fuerzo a tocar algo que no le guste. Cuando Rinaldo y Juan entraron a Sui Generis y vinieron los sintetizadores y esas cosas, yo sabía que estaba tocando con Rinaldo y no podía pretender que él haga una base supercuadrada, o una cosa rígida. Yo quería tocar con un tipo como Rinaldo porque es muy expresivo. Cuando todo este período terminó yo empecé a componer cualquier cosa, y salieron temas folk como “Julia”, o temas muy largos como “Ah... te vi entre las luces”, o algún rock. Por eso, el primer long play resulta indefinido, pero me parece muy bueno; además, me parece importante como punto de partida. Ahora, el segundo long play es muy definido, es un sonido muy particular que se puede identificar rápidamente. Sería una utopia pretender que un grupo haga un trabajo definido en el primer long play; a Yes le conozco tres o cuatro sonidos, lo mismo a Génesis. Lo que pasa es que hay mucha diferencia cuando un grupo gira en torno a la composición de un tipo, y cuando gira en torno a la composición de todos. Cuando todos empezamos a componer y arreglar se van viendo los gustos de cada uno y se va planteando una propuesta.

¿Cómo creés que surgió esa definición en el grupo?

Ahora nos sentimos más cómodos tocando, y sabemos lo que queremos expresar. Por ejemplo, ahora no haríamos temas como “Julia”; lo seguimos tocando porque es parte de nuestra historia. Pero tampoco hay que en cerrarse demasiado en un estilo.

Ya que estuvimos hablando de la composición de La Máquina, hablemos también de las letras de los temas. ¿Cómo ves el panorama letrístico del rock argentino?

Yo creo que hay una gran diferencia entre hacer poemas y hacer canciones; los poemas que escribí los tengo por ahí guardaditos. Tengo gran facilidad para adaptar letras a la música, pero eso no significa hacer poemas. Veo muy indefinido el panorama letrístico en Argentina, faltan argumentos, historias para contar. Me parece que los músicos no han madurado tanto en la faz literaria como en la musical, salvo en las excepciones que todos conocemos, que son una o dos. De cualquier modo, el movimiento es muy joven y tengo esperanzas de que surjan valores que le pongan buenas letras a las músicas.

¿Existen períodos en la trayectoria de La Máquina?

Yo veo dos períodos, tres períodos. Uno de ellos es el de La Bola Loca, donde yo componía, arreglaba y hacía prácticamente todo. Un segundo período es el de las primeras giras que hicimos, donde el grupo empezó a manifestarse más pesadamente. En La Bola Loca le faltaba pesadez al grupo, no una pesadez tipo rock cuadrado, sino la que le otorga el hecho de tocar. El tercer periodo comienza a partir de la inclusión de Cutaia. Con el ingreso de Carlos nos propusimos ver qué pasaba con la música que cada uno de nosotros tenía adentro. Y ahí se dio algo curioso: no todos teníamos una misma línea musical, pero fuimos encontrando la manera de unificarnos.

¿Para vos no significaba un riesgo incluir otro tecladista?

Sí, pero las cosas riesgosas son las que más me gustan. De alguna manera, me gusta ser el primero, no en el sentido de primer puesto, sino en el sentido de hacer cosas que nadie hizo. Con La Máquina hice cosas que nadie hizo, por ejemplo, la última gira, en la cual tocamos todos los días y en pueblitos donde nunca nadie lo había hecho antes. Tratamos de buscar nuevas fuentes de expresión, nuevas fuentes de trabajo, darle cosas nuevas a la gente. En cuanto a Cutaia, creo que nos complementamos bien, porque él tiene su estilo muy diferente del mío. Yo soy un tecladista más volado que él y tengo más influencias del rock and roll; Carlos, en cambio, se maneja más con estructuras, con cosas más asentadas. Pero la cosa es que entre ambos nos complementamos muy bien. Además, él toca el órgano cosa que yo no sé hacer. El órgano y el piano son dos instrumentos totalmente diferentes; yo sé tocar el piano y el sintetizador, Cutaia toca el órgano y el melotrón.

¿Cómo se plantea la participación compositiva del resto de los integrantes de La Máquina, en lo que llamás “el tercer período”?

Mirá, se plantea por la necesidad de ellos. O sea: yo no soy un tipo que tiene un ego demasiado fuerte; justamente, el otro día Moro me decía que de todos los tipos con los cuales él tocó, yo soy el que tiene menos ego. Por lo general, los líderes arman, componen y arreglan todo, y después hacen participar al resto, pero en definitiva un grupo es un grupo. José Luis, por ejemplo, me parece un músico excepcional, y, viendo las canciones y los temas que compuso, me pareció perfecto que pueda manifestarse. Lo mismo pasa con Cutaia, Bazterrica y Moro. Yo tengo como la habilidad de concentrar la energía de otra gente para amoldarla al núcleo del grupo, no sé cómo explicártelo. De alguna manera soy como Zappa, aunque no quiero compararme con él: él toca con muchos músicos y saca de ellos lo mejor.

Pero Zappa lo logra con músicos extraordinarios.

Totalmente, pero me parece que La Máquina reúne los mejores músicos; cada uno en su instrumento ofrece gran capacidad y polenta.

¿No te molesta compartir la composición con otros músicos?

Sí, es otro riesgo, pero las letras siguen siendo mías, por ejemplo. Eso sucede por que todavía ninguno de los chicos puede hacer buenas letras, aunque todos ellos tienen buenas ideas. A veces ellos me sugieren el tema, o lo que quieren manifestar, y después yo lo vuelco a las letras. Me gusta mucho ponerle letra a las músicas de otros tipos; creo que en “Películas” hay una gran unidad literaria y musical, a pesar de que los temas sean de distintos autores.

¿Resulta difícil que lo que compone un integrante de La Máquina le satisfaga al resto de los componentes del grupo?

Sí, es difícil, pero no todas las composiciones son aceptadas de inmediato. Hubo muchas composiciones mías que en un momento tocamos y ahora sacamos del repertorio.

¿Porque no le gustaban al resto?

Porque no le gustaban o porque se apartaban del estilo, por ejemplo. Yo hice muchas canciones muy suaves que en La Máquina no tienen sentido, porque son para tocarlas con el piano y recargarlas con arreglos sería absurdo. Esos temas me los guardaré para hacer un álbum solista.

¿Entonces, las exigencias de La Máquina no son las exigencias de Charly García?

Hasta un momento fue así. Ahora, las exigencias las planteamos todos, para que converjan en las exigencias de La Máquina. De ese modo todo resulta más saludable: ya sabemos el estilo de cada uno de nosotros, nuestras limitaciones, hasta dónde podemos llegar. Al principio todo eso no se daba, lo que buscaba cada uno era deslumbrar al otro, hacer alardes técnicos y nada más.

¿Pensás que La Máquina es uno de los conjuntos más importantes de la Argentina porque estás vos?

Para alguna gente puede resultar así, pero seguro que cuando nos vea en vivo cambiará de idea. La Máquina es realmente un grupo, en el cual todos nos desenvolvemos con libertad; en vivo puede apreciarse que yo no soy el que gobierna todo. Tal vez, la figura que más resulta dentro del grupo soy yo, eso al principio me ocasionaba grandes conflictos y trataba de ocultarme en el escenario. Ahora, trato de manifestarme al máximo, la onda no es que yo me esconda sino que los demás surjan.

¿Vos componés con la mente puesta en que tus canciones tienen que gustar a muchas personas?

No, yo compongo para mí, para La Máquina y para la gente que creo que va a entender lo que digo, que supongo que es la mayoría. Lo importante es hacer cosas nuevas, no quedarse; siempre traté de estar adelante de la gente, trato de adelantarme a lo que le gustaría que hiciese. Quedarse en lo que le gusta a la gente es sinónimo de estancamiento de convertirse en algo momentáneo e intrascendente.

Te importa mucho la comunicación con el pueblo...

Sí, totalmente. Yo compongo y creo que lo que me gusta a mi le gustará al que lo escuche. En La Máquina ponemos mucho énfasis en la comunicación. En los recitales trato de que se produzca ese vinculo: hablo, trato de explicar lo que va a pasar con algún tema, me muevo, gesticulo...

¿Circo?

No, yo no creo que sea circo: circo sería tener todo estudiado y preparado para que la gente lo reciba de una determinada manera. Arriba de un escenario zapo con mi cuerpo, hago lo que me parece en ese momento, lo que siento. Quizás en Sui Generis no había tanta posibilidad de hacerlo, porque le dábamos preponderancia al mensaje de las letras; ahora, con La Máquina, está el mensaje de la palabra y el mensaje de la música.

¿Cuál es el mensaje de la música de La Máquina?

Es un mensaje liberador, porque es una música liberadora, una música grande, que hace que la gente se mueva.

¿El mensaje de Sui Generis y el mensaje de La Máquina es el mismo?

Sí, el mensaje es el mismo, el mensaje es el amor. El mensaje trata de lograr una corriente de amor en la cual se ubique la gente, para que entre ella emita, a su vez, otros mensajes. Es necesario que todos abramos el corazón para poder recibir esas ondas; no creo en un vanguardismo intelectual que marca pautas para que los demás las sigan. Me preocupa mucho más el hombre común, y para comunicarse con él es fundamental tener el corazón abierto, mucho más necesario que tener la mente abierta, ya que esto último resulta una consecuencia de aquéllo.

Sin embargo, en tu proceso compositivo se plantearon ciertos hermetismos, como en el tercer álbum de Sui Generis.

Ahora podría criticarle algunas cosas, pero yo creí que a la gente le iba a gustar. Ahora trato de acercarme a la gente, porque en algún momento es posible que me haya alejado de ella, pero ese alejamiento me permitió seguir con La Máquina.

¿Qué diferencias personales existen entre el Charly García de “Vida” y el de “Películas”?

Son las que existen entre un adolescente y un tipo que está comenzando a madurar. Cuando empecé con Sui Ge neris hablaba de lo que me pasaba en esos momentos y de lo que creía que había que cambiar. Desde entonces he tenido un contacto diferente con la realidad, con el público y conmigo mismo. Creo que las diferencias son de forma, porque me parece que en el fondo sigo siendo el mismo, tengo la misma apertura de antes, las mismas cosas lúcidas y creo que tengo la misma carga de energía como para seguir trabajando.

¿Las cosas que hay que cambiar siguen siendo las mismas que cuando estabas en Sui Generis?

Las cosas que hay que cambiar siguen siendo las mismas; lo que varía es la manera de cambiarlas, o de pretender el cambio.

¿Hay algún hecho concreto que haya motivado la variación de esa forma de pretender cambiar las cosas?

No, son miles de hechos, miles de informaciones que tengo. Creo que no podría hablar de algo específico que me haya hecho cambiar. Se trata de un cambio paulatino.

¿Qué significó para tu desenvolvimiento expresivo el nacimiento de tu hijo?

Mirá, todavía no te puedo decir bien, porque hace muy poco que nació. Hasta ahora me permitió conocer algo que no conocía; descubrir el amor que tengo hacia él es algo nuevo que nunca había entregado a nadie. Hay una gran comunicación entre mi hijo y yo, a pesar de que todavía no habla. Nos miramos a los ojos y nos decimos todo, canto con él, le doy la mamadera, lo cambio, en fin, me vuelvo loco con él. Realmente creo que mi hijo es lo más lindo que me pudo haber pasado.

¿Qué repercusión tuvo en tu creación el proceso de gestación de tu hijo?

Justamente, lo más importante fue la decisión de gestarlo. Yo tenía muchas ganas de tenerlo, pero a la vez mucho miedo. Hay muchos casos de músicos y artistas que cuando tienen una familia se aburguesan, pierden la bohemia y el delirio que está emparentado con la música. Ahora estoy más equilibrado en cuanto a eso; mi familia no me corta ningún vuelo, tengo libertad para estar con mi hijo y libertad para encerrarme a componer. En ese sentido, mi gran temor ha sido desechado, estoy maduro, con los pies sobre la tierra y también conectado al cielo.

¿Qué significa estar conectado al cielo?

Es la conexión cósmica de lo que uno piensa, de lo que uno tiene que hacer, de las informaciones que recibe, de lo que uno crea, de lo que uno no ve pero palpa y de lo que quiere entregarle a la gente.

¿Cuáles son las expectativas que centrás en tu hijo?

Por lo que veo ahora me doy cuenta de que es una buena persona. No pretendo que sea músico ni doctor, quiero que siga siendo bueno; pienso que tiene buena pasta y lo mejor que le pue de pasar es crecer en un mundo de amor, para desarrollarse intelectualmente y emocionalmente de la mejor manera posible.

¿Cómo lográs ese clima de amor que evocás?

María Rosa es una persona que siempre me ha ayudado y siempre me ha dado polenta, para componer y sacar mis cosas afuera; de alguna manera es mi consejera. Con ella hay una comunicación sensacional, creo que la base de todo es la honestidad, no mentirnos entre nosotros, no mentirle al público, no mentirle a tu mujer, no mentirle a nadie. Hay que tratar de encontrar el camino de la honestidad, para sacarle la careta a una sociedad que se viene abajo; gracias al amor el mundo todavía se mantiene en pie.

La antítesis del amor es el egoísmo. ¿Qué pensás acerca de él?

El egoísmo de muchas personas, y el de muchos intereses, hacen que las cosas no caminen bien. Cuando una persona desea tener más atributos que lo lógico y tiene una excesiva necesidad de cosas, para satisfacer su ego, obviamente tiene que sacarle a los demás. En ese sentido trato de lograr cierta estabilidad y luchar para que mi hijo, o el hijo, nazca puro y sin contaminaciones de esa índole.

¿Qué diferencias encontrás entre la fama, el éxito y la popularidad? ¿Hacia cuál de ellas aspirás?

La fama, como decían los tangueros, es puro cuento. Es una cosa traicionera, totalmente traicionera, que puede estar hoy y puede no estar mañana; el tipo que busca la fama y la añora va en camino de su propia destrucción. El éxito, para cierta gente, significa tener plata, ir a comer a los mejores restaurantes, tener autos y las chicas más lindas. Exito, para mí, es que mi mensaje se haya desparramado entre la gente y haya podido contribuir al crecimiento de ella. La popularidad considero que es lo más rescatable de las tres opciones que me diste; la popularidad no está tan contaminada, ni es tan nociva como la fama y el éxito. Si a mí me dieran a elegir, antes de ser exitoso o famoso, preferiría ser popular.

¿Cómo es el Charly García que la gente no ve y no escucha?

Cuando surgió la idea de hacer mi disco solista, pensé en dos facetas de mi personalidad. Una es la que la gente conoce, la de un escenario y con apariencia extrovertida; la otra faceta la gente no la conoce, cuando estoy con mis amigos o en mi casa con mi familia. Soy una persona como cualquier otra, no tengo grandes diferencias con los demás. Para mí, mis amigos significan un punto de apoyo, una referencia y un no permitirme estar solo. Las personas que se aíslan de sus amigos pueden terminar locas o demasiado omnipotentes.

Recién nombraste la soledad; ¿qué rol desempeña dentro de esas dos facetas de tu personalidad?

Para componer necesito estar absolutamente solo, necesito estar encerrado en un cuarto con un piano, una guitarra, o un sintetizador. Pero a veces estoy solo y no lo deseo; a veces estoy solo porque siento incomprensión alrededor mío. Sin embargo, esos estados son positivos para comprobar la polenta que uno tiene interiormente. Muchas veces compruebo que mi cabeza está árida y me siento como aburrido. Eso se traduce en estados de frustración que terminan produciéndome un ataque de hígado, o reacciones violentas. Mi frustración se canaliza por los medios que tengo a mano, a veces conscientemente y otras de manera inconsciente. Hay muchos temas míos que hablan de la frustración, pero para tratar de salir de ella, para tratar de buscar un camino feliz.

¿En qué consiste esa felicidad?

La felicidad en sí no existe, son sólo momentos felices. La felicidad no es un estado demasiado duradero, es un estado que se intercala a las cosas que están alrededor de uno. Como en el medio, la sociedad, no es posible estar demasiado bien, la gente no encuentra momentos de buena felicidad. Hay muchas cosas que pasan alrededor nuestro que nos obligan a frustrarnos.