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"Tercer infinito", Celeste Carballo

Celeste Carballo soporta aún el karma de su primer disco. A principios de la década del 80 hizo su aparición explosiva en el rock argentino con un espléndido álbum debut. Me vuelvo cada día más loca la presentó como la cantante argentina de rock, una especie de Janis Joplin de Coronel Pringles que dominaba las reglas del folk, el blues y al rock & roll. Ninguno de sus trabajos posteriores estuvo a la altura de aquella arrolladora presentación en sociedad. Sin embargo, todos sus discos -excepción hecha de aquellos grandes pasos atrás que fueron los dos álbumes a dúo con Sandra Mihanovich-, aunque desparejos, conserva” ron suficientes momentos interesantes como para mantener el crédito abierto. Tercer infinito es un disco en el que Celeste elige el rhythm and blues como lenguaje expresivo básico. Sólo en tres de los doce temas que lo integran -“Like a Dream”, “Azul” y “Tercer infinito”- la intérprete opta por un tono intimista, dulce, que le calza a la perfección; el resto es festivo, eléctrico, algo falto de matices. Algunas de sus le“tras cuentan con imágenes de sencilla belleza (“Azul”, “El arbolito”), mientras que otras deslizan ciertos lugares comunes propios de la new age (“Mendigos”). Sin embargo, a fuerza de voz, de carisma y de onda (¿de qué otro modo llamarlo?), sus interpretaciones logran que los temas cobren una riqueza y una vida que no siempre se encuentran en el frío análisis de la letra y de la música. Tercer infinito demuestra que la magia de Celeste sigue intacta, pero, también, que necesita más y mejores canciones para alimentarla.